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1 de JUNIO, CASETA 127

Como todos los años, tras la presentación el pasado 18 de mayo en la LIBRERIA ROBINSON de los libros de Víctor: BREVE HISTORIA DE LA ARMADA INVENCIBLE y BREVE HISTORIA DE LAS BATALLAS NAVALES DE LA ANTIGÜEDAD os proponemos una cita el próximo jueves 1 de junio en la FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2017, donde tendréis “a tiro” el nuevo libro de Víctor San Juan 22 DERROTAS NAVALES FRANCESAS, aparte de los citados y otra novedad, BREVE HISTORIA DE LAS BATALLAS NAVALES DE LA EDAD MEDIA en la Caseta nº 127 de la Librería Robinson, donde Víctor os firmará encantado un ejemplar si lo deseaís.

Todos los libros BREVE HISTORIA y GRANDES BATALLAS NAVALES DE LA ANTIGÜEDAD los podeís encontrar también en la caseta de Ediciones Nowtilus de la misma Feria. Así como anteriores libros de este autor como:

-TRAFALGAR, TRES ARMADAS EN COMBATE

-PIRATAS DE TODOS LOS TIEMPOS

-BARCOS DESAPARECIDOS Y SU MISTERIO, etc.

en la caseta de Sílexediciones

ADEMAS, el día 6 de junio de 2017, a las 11:30 y en los locales de la Biblioteca del Retiro Eugenio Trías, Víctor San Juan, con Jose Manuel Gutiérrez de La Cámara Señán, participará en una mesa redonda sobre las grandes batallas navales en la que podeís participar. Os esperamos

Gracias por vuestra atención y saludos

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BATALLAS NAVALES DE LA EDAD MEDIA

 

PORTADA EDAD MEDIA

Continuando con la serie “Breve Historia” de la Armada Invencible y de las Batallas Navales de la Antigúedad, llega este mes de mayo 2017 un tercer ejemplar del que difícilmente puede encontrarse precedente en nuestro país, “Breve Historia de las Batallas Navales de la Edad Media”, para sumar al destacable proyecto de divulgación histórica de Ediciones Nowtilus BREVE HISTORIA.

La Edad Media es un período histórico confuso y en el que muchos lectores no han profundizado por su oscuridad y falta de clarificación. En este volumen, Víctor San Juan hace un esfuerzo para llevar al lector preferentemente naval, pero en general aficionado a la divulgación histórica, los principales sucesos histórico-navales que afectaron a este largo período de casi 15 siglos, desde el nacimiento de Cristo hasta la caída de Constantinopla en 1453. Aunque, formalmente, la Edad Media quede comprendida entre el inicio del imperio de Oriente de Constantino el Grande y la mencionada conquista de su ciudad por el imperio turco, el libro recorrerá -para mejor conexión con el volumen anterior, “Batallas Navales de la Antigüedad”- desde la batalla naval de Actium, en 31 a.C., hasta las conclusiones derivadas de las batallas navales disputadas en Constantinopla, 1.500 años despues.

El libro consiste, pues, en un largo recorrido naval que nos llevará desde la Pax Romana de cuatro siglos de duración hasta los vándalos de Genserico, que, reemplazando a los cartagineses en Túnez, desafiaron el poder naval del Imperio con el saqueo de Roma en el siglo V d.C. Serían los bizantinos del Imperio de Oriente los que contrarrestaran este peligro el siglo siguiente de manos del emperador Justiniano y su general Belisario que, una vez desaparecidos, nada se pudo hacer para que la incontenible expansión árabe tentara las mirallas de Bizancio y atravesara el estrecho de Gibraltar para apoderarse de Al Andalus entre los siglos VII y VIII despues de Cristo.

Era el momento para que, en el norte, surgiera una cultura profundamente marítima que dejaría honda huella en el mundo naval: los vikingos que, tras pasar y apoderarse de Inglaterra y Bretaña, donde derivaron a normandos, invadieron desde Occidente el resto de Europa, ya internada en el mundo medieval. Comienza así un nuevo período histórico, pues mientras en aguas del Atlantico normandos y sajones darán lugar al imperio Angevino que se enfrentó a los monarcas franceses en sucesivas batallas y campañas navales, en el Mediterráneo prosperan nuevas ciudades-estado medievales con la herencia romana vinculada al legado de visigodos, ostrogodos y bizantinos, Venecia, Génova y el más remoto Aragón, todas protagonistas de extensas campañas navales que arraigarán profundamente en su tradición.

Por estas páginas desfilarán marinos como Roger de Lauria y sus victorias míticas, Vettor Pisani con su triunfo en la guerra de Chioggia contra los genoveses y, cómo no, el inolvidable Marco Polo con su viaje a China y los descubrimientos navales allí efectuados, entre otros muchos como el gran Totila, Ramón Bonifaz, el almirante Santa Pau, Jaume I el Conquistador, Ambrosio Bocanegra, el conde de Pembroke, Eduardo III Windsor y muchos más -victoriosos o derrotados- que alguna vez fueran indiscutibles jefes de armadas medievales. Sin olvidar, por supuesto, a Guillermo El Conquistador que, en 1066 d.C., realizó la invasión de Inglaterra más rápida, exitosa y eficiente que registra la Historia.

No olvidaremos, ni que decir tiene, los barcos con los que estos líderes registraron sus gestas, los quinquerremes romanos, dromones bizantinos, la navis carricata o carraca mediterránea, el cog y la urca atlánticos y, sobre todos ellos, el gran drakkar vikingo, con cuyos descendientes se realizó, en 1248, la conquista de Sevilla. Un recorrido pues, como nunca antes se ha ofrecido al lector naútico, internarse en oscuros caminos históricos de hace cientos de años encontrando la razón de cómo, por qué  y quiénes somos sabiendo de donde vienen las campañas y actitudes navales occidentales.

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BREVE HISTORIA BATALLAS NAVALES ANTIGÜEDAD

 

BH ANTIGÜEDAD PORTADA

La historia de los seis imperios y potencias navales de la Antigüedad: sumerios, elamitas, egipcios, fenicios, cartagineses, griegos y romanos, insospechados pueblos de navegantes algunos que  nos descubre este nuevo libro para la colección Breve Historia Nowtilus de Víctor San Juan.

En él podreís hacer un completo recorrido por las batallas de la Antigüedad antes de Cristo, desde la batalla del Delta del Nilo, en 1109 a.C., hasta la batalla de Actium, sólo 31 años antes de Cristo. Psando, por supuesto, por la legendaria batalla de Salamina ¿a que no sabías que tuvo un precedente en Lade y que la perdieron los griegos?, la de Micala, Eurimedón, la apasionante batalla del cabo Cinosema, la muy táctica y trabajada batalla de Ecnomo, las campañas de Caio Duilio y Marco Atilio Régulo, los grandes héroes navales romanos, y otras muchas como la increíble batalla de las islas Arginusas, tras la que todos los comandantes atenienses vencedores fueron ejecutados. Por no hablar de la cuádruple batalla de Siracusa entre griegos atenienses y griegos siracusanos, hermanos y enemigos a muerte.

Desde luego, un libro naval diferente a todo lo que has leído hasta ahora, gracias al que podrás introducirte en el mundo clásico y conocer quién fue el País del Mar, el Pueblo del Mar y los Pueblos del Mar, que conviene no confundir. También conocerás al olvidado almirante cartaginés Aderbal, que venció rotundamente a los romanos en Trapani (Sicilia), y a auténticas comandantes navales de la Antigüedad como la reina Artemisia de Halicarnaso o la propia reina Cleopatra de Egipto y su famosa y polémica “huida”.

¿Quieres navegar en barcos increíbles como los mashufs sumerios, las pentecónteras micénicas, las gaulas cartaginesas, los trirremes griegos o los quinquerremes romanos?Si te va, pues, una de marinos antiguos “pasados por agua”, no lo dudes: este es tu libro. Esperamos que disfrutes mucho con él.

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VICTOR SAN JUAN, ACCÉSIT PRIMER PREMIO LIBRERIA ROBINSON

El pasado 7 de marzo se emitió el fallo del I Premio de Historia Naval Librería Robinsón en el marco de la misma, situada como sabéis en la calle de Santo Tomé de Madrid. Presentaron el acto Alejandro Anca Alamillo, presidente del jurado, nuestro querido amigo y librero patrocinador Juan Melgar y el Presidente de la Liga Naval Española, contando con la notable asistencia del almirante Zumalacárregui, director del Instituto de Historia Naval de la Armada Española. Estuvieron presentes, aparte los citados, personalidades habituales, comisarios y patrocinadores de este tipo de eventos como Mariano de Juan y Ferragut, Manuel Maestro y otros muchos, amigos y grandes aficionados a la navegación y los barcos en general.

Se proclamó ganador Valentín Ruesga con su monográfico “Cruceros de Batalla”, quedando como 2º premio (accésit) la obra inédita de Víctor San Juan “22 DERROTAS NAVALES FRANCESAS”, que es complemento de la conocida y celebrada “22 DERROTAS NAVALES BRITÁNICAS” cuya primera edición publicada por Navalmil en 2015 se encuentra agotada. Gracias a este premio, librería Robinson y Alejandro Anca, los lectores podrán disfrutar pronto de esta nueva obra que une tres grandes marinas históricas en su devenir, la Armée Royale (la Royale) francesa, la Real Armada (Armada) española, y la Royal Navy británica de la Reina. Os mantendremos informados.

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BREVE HISTORIA DE LA ARMADA INVENCIBLE

portada-armada-invencible

Nuevo libro de Víctor San Juan que ya podéis ver en las páginas de Ediciones Nowtilus, BREVE HISTORIA DE LA ARMADA INVENCIBLE, trabajo largamente estudiado y que se basa en el contraste argumental entre seis historiadores ocupados del suceso, dos españoles (Cerezo Martínez y Gómez Beltrán), dos norteamericanos (Mattingly y Fuller) y dos británicos (Bryce Walker y Geoffrey Parker). De forma clara, abierta y veraz, se pretende una ampliación del marco de este episodio y una desmitificación de la versión clásica ofrecida, fundamentalmente, por cronistas anglosajones.

Esta nueva visión se articula en ocho puntos clave, que se van desarrollando en el libro: 1) la reina Isabel I no era una monarca liberal y demócrata opuesta a los designios del monstruo inquisidor, Felipe II, encerrado en su “guarida” de el Escorial. Ambos eran monarcas de su época, con defectos y virtudes, y entre las de Isabel no estaba precisamente el favorecer a la Royal Navy. 2) la victoria en Gravelinas, vendida como la primera en aguas del Atlántico, no fue tal. Los propios testigos británicos lo demuestran en sus testimonios, cuidadosamente silenciados y que este trabajo revela. 3) los barcos españoles no eran galeras desvencijadas que se estrellaban incontrolables en la costa irlandesa. Que el naufragio más célebre de la Armada (GIRONA) sucediera con una de las cuatro galeazas italianas que formaban parte de la flota de 140 naves ha provocado este tremendo malentendido; la flota de combate española la constituían 22 galeones, la mayor parte de los cuales retornaron a España tras la aventura. 4) El episodio de la Contraarmada, es decir, el envío contra España de una Armada para destruir los restos de la Invencible, interceptar las Flotas de Indias y machacar América hispana, ha sido tradicionalmente olvidado, pero consta en este libro. 5) Que inglaterra se dedicó, durante 20 años, a perpetrar provocaciones contra el imperio español -detalladas en el texto- es algo que se suele dejar al margen en el análisis. 6) Tampoco se suele saber que Inglaterra,  a través de Francis Drake, invadió Sagres -es decir, tierra española puesto que Portugal lo era- antes del envío de la Armada Invencible, es decir: INGLATERRA INVADIO ANTES, dejando bien sentada la “casus belli”. 7) Los daños, bajas y naufragios de la flota afectaron fundamentalmente a los transportes mercantes, no a los buques de guerra. La Invencible no fue el fin del predominio de España en la mar, sino el precedente de la Armada del Mar Océano del siglo XVII. 8) Francis Drake no era un chico malote que asaltaba galeones, como lo presentan los británicos. Lo que asaltó, fundamentalmente, fueron casas indefensas en la América hispana, lo que cambia sustancialmente su retrato de héroe.

Tenemos así, ante nosotros, una nueva oportunidad de revisar este polémico capítulo histórico para conocimiento general y dejar, definitivamente, asentada la verdad, en vez de asumir la versión anglosajona como ahora sucede, lamentablemente. Esta es nuestra nueva propuesta naval, un libro para revisar conocimientos y aclarar ideas.

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75 AÑOS DE PEARL HARBOUR

arizona-memorialTres cuartos de siglo hace (el pasado día 7) desde el desastre naval de Pearl Harbour en diciembre de 1941, cuando apenas quedan ya unos venerables ancianos supervivientes de aquel “día de la infamia” para el presidente Franklin Delano Roosevelt, que condujo, entre otras cosas más importantes, a los cuatro años de guerra naval de características más potentes, salvajes y -paradójicamente- avanzadas de la Historia, que culminó con la increíble “poli-batalla” del Golfo de Leyte en la que la Teikoku Kaigun (Armada Japonesa) firmó su propio certificado de defunción, seguido del inútil sacrificio del super acorazado YAMATO en Okinawa y el tremendo aldabonazo final de Hiroshima y Nagasaki, por todos conocido.

Pearl Harbour resulta tan trascendental que, en nuestros días, no hay más que visitar la isla de Oahu para darnos cuenta de su relevancia; allí queda el enorme resto del acorazado ARIZONA, del que aún se escapan “hilillos” de petróleo, convirtiendo la bahía Perla hawaiana en lo que lo ha transformado la US Navy, un completo albañal (en la foto, el ARIZONA MEMORIAL). Aunque no todo por voluntad propia, claro. En cualquier caso, para los neo-ciudadanos de la “aldea global” Pearl Harbour sólo es una película de Disneylandia con una bonita chica embarazada por el amigo de su novio y un tipo de color disparando como loco a los aviones como si fuera una maquinita del “game-boy”; pero, en realidad, Pearl Harbour fue otra cosa que, a nuestro juicio, no se ha examinado suficientemente: una inmensa metedura de pata del Imperio del Sol Naciente.

Los ataques por sorpresa cuando aún no hay declaración de guerra previa no son invento japonés, como es sabido. Sus mejores y más asiduos practicantes han sido los británicos, y los “japos”, que heredaron de ellos la cultura bélico-naval (con todas sus nefastas consecuencias) los usaron también cuando les fue menester. Pearl Harbour, por cierto, no era la primera; lo llevaron a cabo antes, en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, donde su ataque a la base naval rusa de Port Arthur marcó el inicio de las hostilidades. Pero la primera vez que la Armada Japonesa atacó a unidades de una nación con la que formalmente no se encontraba en guerra fue algunos años antes, en concreto a dos buques de guerra chinos que escoltaban un convoy  en 1894, de forma previa a la batalla del Yalú. La guerra la consiguieron pero, a efectos prácticos, sólo escacharraron un crucero chino y hundieron un aviso, cometiendo luego la atrocidad de hundir el mercante KOWSHING, matando luego a tiros a muchos soldados chinos que iban a bordo. Por cierto que esta “hazaña” estuvo a cargo del crucero NANIWA, al mando del samurai-capitán de navío Togo Heihachiro, luego glorificado almirante vencedor de la batalla de Tsushima.

Así que, a efectos prácticos, el “ataque por sorpresa” ni lució mucho ni cubrió de gloria a sus autores. Tampoco lo hizo el de Port Arthur, pues sólo se consiguió torpedear el buque insignia ruso de la Escuadra del Pacífico, acorazado TZSAREVITCH, y otros dos que salieron corriendo embarrancaron. Resultados, pues, tan pobres o más que los anteriores, a pesar de los cual los japoneses, contumaces, volvieron a intentarlo en Pearl Harbour. Y eso que la Segunda Guerra Mundial ya les estaba demostrando, a través de los británicos, que los “ataques sorpresivos” a una base naval eran muy poco eficaces. En Mers-el-Kebir, donde la Mediterranean Fleet del almirante Cunnigham -en incalificable traición urdida por el premir Winston Churchill- atacó a su aliado, la Force de Frappe francesa, en 1940, sólo consiguieron hundir el acorazado BRETAGNE (con miles de muertos que se quedaron atrapados al volcar el barco) y escacharrar gravemente el moderno DUNQUERKE, con centenares de víctimas también. Pero otro viejo acorazado (PROVENCE) quedó con no muchos daños y el flamante STRASBOURG escapó de su amarradero en las mismas barbas de los británicos, incapaces de detenerlo. Así que suspenso total -por malos en ambos sentidos: perversos e ineficaces- para los atacantes con alevosía en este caso.

Pero en esto llegó el ataque a Tarento llevado a cabo en 1941 por el portaaviones británico ILLUSTRIOUS contra la flota de acorazados italianos de Benito Mussolini. Los viejos biplanos torpederos Swordfish -diseñados por un ingeniero belga- torpedearon, dejando fuera de combate, la mitad de los blindados fascistas (3) así que se la calificó de éxito y, desde el otro extremo del mundo, el experto almirante Yamamoto se tragó toda la campaña publicitaria de principio a fin. En realidad, las defensas (globos cautivos) italianos estaban diezmados por un temporal precedente y sólo un acorazado (CONTE DI CAVOUR) resultó hundido irreparablemente. El LITTORIO, alcanzado por dos torpedos, volvió al servicio a los pocos meses y al DUILIO sólo lo tocó un torpedo, con lo que pudo entrar en acción incluso antes. Otros tres hermosos acorazados -VITTORIO VENETO, ANDREA DORIA y JULIO CESAR- quedaron indemnes, así que, sin menospreciar el valor de los atacantes, la Royal Navy apenas sacó un aprobadillo raspado en esta ocasión. De hecho, su propósito de paralizar la Escuadra de blindados italianas fue en vano, puesto que en mayo el VITTORIO VENETO salió valientemente al combate para perder miserablemente la batalla de Matapán; que nunca se habría librado de haber sido el ILLUSTRIOUS y sus pilotos algo más certeros.

En fin, era la primera vez que se atacaba al torpedo una base y tampoco vamos a desanimar a los pilotos, algunos de los cuales perdieron la vida por la patria en el intento. Pero Yamamoto, en pleno éxtasis emulatorio, cuando los EE.UU. se pusieron bordes embargándole las materias primas y el combustible al Japón le dijo al mismo emperador Hiro Hito (vía almirante Nagano) que si no le dejaban atacar Pearl Harbour dimitía y punto. Ojalá lo hubiera hecho, incluso por su bien y el de la Humanidad. Mas, por desgracia, le dejaron y pasó los que pasó: más de 2.400 personas muertas (más de la mitad del ARIZONA) y dos poderosos países emprendiendo una guerra naval donde una masacre tras otra iban dejando huella sobre las tranquilas aguas del Pacífico. Sólo tres acorazados (ARIZONA, OKLAHOMA y el viejo UTAH, buque blanco) fueron hundidos, aunque en “battleship row” -el “aparcamiento de acorazados”- quedaron muy perjudicados los WEST VIRGINIA, TENESSE, CALIFORNIA ( que se hundió al día siguiente) NEVADA y MARYLAND; pero éstos cinco últimos fueron reparados y volvieron a combatir como si tal cosa. Por no hablar del PENNSYLVANIA, que, al encontrarse en dique seco, no pudo hundirse (aunque se frió como un lenguado con el incendio de combustible) y del COLORADO, que, encontrándose ausente, escapó de rositas. Así pues, de nueve blancos posibles, sólo dos descartados: suspenso para la marina japonesa.

En realidad, la cosa -como se ha dicho siempre- fue mucho más grave, pues los tres portaaviones de esta escuadra -ENTERPRISE, LEXINGTON y SARATOGA (1)- escaparon, como el COLORADO, de la quema, convirtiéndose en la crucial punta de lanza que derrotó poco despues (en 1942) a la Marina Japonesa en Midway. Y también -como no se ha dicho nunca- los “japos” metieron la pata hasta el corvejón dejando sin destruir todos los tanques de combustible y el magnífico taller y calderería de Pearl Harbour, con lo que esta base continuaba siendo una amenaza para el Japón tan grande como al principio del ataque, desde la que se podían reparar todos los platos rotos y volver pronto al ataque. ¡Ay, la logística!¡Qué poca importancia le conceden algunos!. Sin embargo, tampoco puede decirse que Yamamoto lo hiciera todo mal: consiguió con el ataque un tiempo de inutilidad de las fuerzas americanas, de forma que el flanco izquierdo de todas sus fuerzas lanzadas al mismo tiempo hacia las Filipinas y las Indias Occidentales Holandesas (actual Indonesia) quedara a cubierto y estas conquistas pudieran llevarse a cabo sin tropiezos. Este fue el verdadero éxito de Pearl Harbour, no el que nos quieren colocar los propagandistas de siempre. Pero los yanquis se la guardaron a Yamamoto y le asesinaron vilmente a su debido tiempo como a un Bin Laden cualquiera.

Puede que, por encima de todo, la lección que se nos debería quedar es que un ataque por sorpresa ni es deseable, ni es brillante ni resulta verdaderamente efectivo; todo lo más, espectacular y eficaz para un producto bélico rápido y precongelado que nunca nos dejará satisfechos y, además -al privarnos de honor por la alevosía en que hemos incurrido- nos presentará ante el enemigo como un vil contendiente al que no tendrá escrúpulos en aniquilar llegado el caso. Fue lo que hicieron los EE.UU. con el Japón y tal vez la mayor lección que deberíamos sacar del “día de la infamia” que en realidad fue el “día del patinazo” del Imperio del Japón.

 

 

(1) Los YORKTOWN, HORNET y WASP estaban aún en la Flota del Atlántico. Al final de la guerra, de estos seis portaaviones iniciales sólo sobrevivieron el SARATOGA, desechado para las pruebas nucleares de Bikini tras haber sido “rematado” por un kamikace, y el ENTERPRISE, legendario “Gran E” de la US Navy, que daría nombre a un gran portaaviones nuclear de posguerra, recientemente retirado del servicio. El LEXINGTON sucumbió en la batalla del Mar del Coral, el YORKTOWN en la de Midway, el HORNET en la de las Santa Cruz, y el WASP en la “encrucijada de torpedos” de Guadalcanal, todos a manos de los japoneses.

 

 

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REVISTA HISTORIA Nº 155

Acaba de aparecer la Revista Historia nº 155 de RBA NATIONAL GEOGRAPHIC (Noviembre 2016), en la que teneís un artículo de Víctor San Juan titulado “MARY CELESTE, el misterio del barco fantasma”. Es un número sumamente interesante para el aficionado naútico, pues, aparte del artículo citado, contiene otro de LOS BARCOS DEL IMPERIO referente a los trirremes y quinquirremes del Imperio Romano, con grandes y muy elaboradas ilustraciones, y un último referente a la BARCA SOLAR DE KEOPS, encontrada junto a la pirámide del mismo nombre, apasionante para los interesados en las embarcaciones de la Antigüedad antes de Cristo.

Pero no sólo éso. Para las mentes cultas en general, trae otros dos interesantísimos artículos, el de LA TORRE DE EIFFEL, describiendo todas las peripecias de su construcción, sus increíbles medidas, etc., y un último sobre el maravilloso DAVID de Miguel Angel, escultura universal cuyo proceso de tallado se expone al lector con todo realismo, significación y belleza. Un número, pues, de lo más recomendable, y por menos de 5 euros, que os aconsejamos a todos para pasar un fin de semana invernal en el que se quiera estar a prudencial distancia de la tele. En cualquier quiosco o tienda de revistas, por supuesto.

 

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