COMO UN EMPERADOR

Nos hemos topado este fin de semana con la sorprendente noticia de que el socio de Bill Gates,  Paul Allen, multimillonario informático y filántropo, despues de mil y una iniciativas de variado pelaje (algunas encomiables) se dedica ahora, con su yate OCTOPUS, a sondear los fondos marinos a la búsqueda de viejas glorias, auténticas leyendas, naufragadas en el recuerdo y que, por el tiempo transcurrido -y en este caso, también, por el proverbial secretismo nipón- parece que fueran buques fantasma.

Pero no lo son. Al menos, el imponente acorazado MUSASHI, de la Teikoku Kaigun (Marina Imperial japonesa) y gemelo del YAMATO, los más grandes y potentes acorazados jamás construidos, yace allí, en su tumba del Mar de Sibuyán de las islas Filipinas y a un kilómetro de profundidad, lo mismo que su hermano está a unas 200 millas de Okinawa, donde nunca llegó en su misión “kamilace”. Estos inmensos barcos, mas que unidades de combate, eran auténticas ciudadelas-fortaleza: con casi 2.000 hombres de dotación al mando de un almirante y nueve cañones de 460 mm. como armamento principal (43 kilómetros de alcance: disparas en Madrid y aciertas en Alpedrete), los YAMATO llevaban en la popa un auténtico aeródromo exploratorio, con siete hidroaviones, catapultas para “dispararlos” y grúas para recogerlos del agua. Las 70.000 toneladas de desplazamiento -más menos- eran capaces de desplazarse a casi 28 nudos, teniendo, por lo tanto, el baluarte una considerable capacidad de aparecer donde menos se lo esperara. Así sucedió en el golfo de Leyte, donde el MUSASHI, atrayendo sobre sí las “iras” de la masiva flota norteamericana, permitió que el YAMATO y sus escoltas cruzaran el estrecho de San Bernardino para atacar los sorprendidos portaaviones de escolta del almirante Sprague, que todavía se estará acordando de su jefe, el almirante Halsey que, como lenguado picado en cebo, salió con toda la artillería a perseguir al magnífico almirante Ozawa, que le engañó como a un chino precisamente en la batalla del cabo Engaño.

¡Ay!. Qué viejas glorias. Y hoy resulta que el señor Allen, en vez de llenar la cubierta del OCTOPUS de atractivas señoritas en top-less, le da por las profundidades y el sonar -bip,bip- y nos trae a cuento el viejo MUSASHI, con su ancla gigantesca, el crisantemo real incrustado aún en la proa, y las simas, como cenotes, donde estuvieron en su día las grandes torres de tres cañones de 460 mm. cada uno. (Al BISMARCK le sucedió lo mismo: durante la “caída” de un kilómetro, las enormes torres, sujetas por gravedad, se caen y van de paseo por ahí, para horror de las esponjas y corales del fondo que ven caer trastos semejantes). Eso sí, como el BISMARCK, el MUSASHI está en el fondo derecho, es decir, que, como los gatos, aterrizó de pie. O en la posición del loto, como a los japoneses les gusta. Allí aguarda este bravo, en el más seguro museo del mundo (el fondo del mar) con la calma de un samurai, para hacerse el harakiri si fuera necesario. Tranquilo. Impertérrito. Inasequible y mudo como un emperador.

NOTA: para verlo, entrar en Internet simplemente tecleando el MUSASHI y Paul Allen.

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