CAUSA ULTIMA

En una trillada serie televisiva -de las que se acaban y te la vuelven a enchufar, pero al menos es de barcos, rara avis en la parrilla-barbacoa televisiva actual- a cuenta de un extravagante capitán, un marinero le decía a su primer oficial: “El capitán es el barco; si cuestionamos al capitán, lo cuestionamos todo”. Este sencillo argumento, que habría evitado famosos y fílmicos motines como el de la BOUNTY, u otros más graves y ocultos por la RN como el de la HERMIONE, del que al final los españoles pagamos los platos rotos, es tan de aplicación hoy día como lo era hace cien años. Si lo aplicamos a barcos cuyo capitán se ha visto involucrado en graves problemas, veremos que nos lleva a reflexionar: por ejemplo, veamos con el COSTA CONCORDIA y el capitán Schettino.

Ahora todo el mundo tiene clarísimo que, además de inepto, este señor era un cobarde, y otros muchos denuestos televisivos que te repite machaconamente hasta el “lorito” presentador-ra más tonto. Nos hemos cebado en el capitán al que apuntan todas las culpas (no seré yo quien le defienda), pero la moraleja de esta lección defectuosamente aprendida sería que no pongas un mal capitán al mando, pues entonces es probable que te la pegues; más enjundiosamente, cabría decir que si el capitán es el barco, y el capitán es malo, por lógica osmótica el barco también se convierte en malo, aunque sea excelente y, además, inocente, lo cual parece ser el caso del desafortunado COSTA CONCORDIA. Como, además, se la va a cargar -todos los oficiales han reconocido los cargos para librarse de la trena, dejándolo “solo ante el peligro” con una pena con la que no puede eludir la cárcel- parece que todo a punta a que Schettino, con cara de turco, pagará el pato de su incompetencia, sus culpas y las de todos los demás. No hay quien le salve a estas alturas.

Pero precisamente en tan interesante momento, lo que me pregunto es quién, de los numerosos periodistas e investigadores, se ha preocupado de averiguar qué es lo que pasó en el COSTA CONCORDIA, es decir, la CAUSA ULTIMA por la que este barco, cuando iba a ejecutar la frívola maniobra de una evolución cercana a tierra en una tranquila noche navideña, le tomó a ésta demasiado cariño acabando por restregarse y revolcarse contra ella hasta el punto de llevarse un cacho piedra incrustado en las entrañas, con todas las graves consecuencias que ello conlleva para la seguridad y correcta estanqueidad del vaso del del buque y no digamos del numeroso pasaje. Hay en el COSTA CONCORDIA un velado misterio muy similar al del petrolero EXXON VALDEZ, que, recordemos, se estampó contra un bajo de la costa alasquense previsto en el navegador porque su oficial de guardia, en el momento oportuno -llevaba varios días corto de descanso- se olvidó de hacer la metida de timón oportuna. Tambien el responsable en este caso, ni que decir tiene, fue el capitán, que ni siquiera estaba en el puente y al que detectaron cierto olor a alcohol destilado en el aliento tras el incidente. Quedó como un borracho cabrón -mis disculpas- que había cometido grave negligencia “in vigilando” al ausentarse en momento tan trascendente como el cambio de rumbo, fue satanizado incluso en películas y cargó con todo el marrón arruinando su carrera y abandonando la profesión. Creo que el famoso capitán Hazelwood se dedica hoy día a la enseñanza en un tranquilo instituto, ha sido reconocido como “superdotado” en numerosos test psicológicos a los que se ha prestado voluntariamente y debe seguir preguntándose por qué aquél condenado oficial, en el que depositó la tremenda confianza de apretar un botón en el momento oportuno, no lo hizo. Nosotros también, puesto que, estimulando este negligente “dedito” habríamos evitado una catástrofe ecológica petrolera mucho más gorda que la del PRESTIGE.

Así llegamos, inevitablemente, al COSTA CONCORDIA; no sé ustedes, pero yo sigo sin saber por qué el oficial de derrota, el de guardia o el que gobernara el buque aquella desgraciada noche, con todos los aparatos electrónicos y de al ta tecnología del mundo para navegar a su disposición, no detectaron que iban derechos a tierra ni nada les avisó del error garrafal que estaban cometiendo. Porque, querámoslo o no, ahí está la CAUSA ULTIMA, y, averiguándola, podríamos evitar que se produjera otro accidente similar. ¿Falló esta vez un dedito, hubo alguien con disimulada borrachera en el puente o tal vez se empleó mal la escala o quién sabe qué de uno de éstos complejísimos y difíciles de manejar aparatos modernos que tanto nos ayudan y acosan, engañando a quien lo manejaba y llevando el barco a las piedras?. Sería muy útil verificar y tener certeza sobre este extremo, porque de esta manera se haría buen servicio no sólo al gremio de los grandes fun-cruisers, sino al de la navegación en general, que vive hoy adherida al aparatito electrónico como una mosca a un tarro de miel. Crucificando a Schettino probablemente no se cometa ninguna injusticia, pero una vez saciada la sed de revancha pública generada por el procesamiento y condena mediáticos -uno más- promocionados desde los medios de comunicación, encontraremos que seguimops siendo igual de imbéciles que antes que el accidente y cualquier embarcación estará en trance de repetirlo. Averiguar la CAUSA ULTIMA es una deuda que tenemos con todas las víctimas, precisamente, para que no vuelva a ocurrir.

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