Archivo mensual: octubre 2013

VIGIA y ALBORAN

En medio de la barahúnda de noticias lamentables machaconamente reiteradas por todas las Tv. y medios de comunicación, casi ha pasado desapercibida una pequeña noticia que, si no fuera tan modesta, casi podía ser buena: me refiero al regreso de los barcos de la Armada a aguas de Gibraltar y la bahía de Algeciras. Durante paasados gobiernos y legislaturas, estas aguas, de “discutida y discutible” jurisdicción española -especialmente dentro de las tres millas que circundan la Piedra ominosa- estaban absolutamente vetadas (por orden gubernamental) para los barcos españoles, pues en la memoria de todos figuraba la llamada a consultas del embajador español en Londres con ocasión del paso un poco más cercano de lo normal a Punta Europa del vetusto portaaeronaves DEDALO “in hilo tempore” con graves complicaciones diplomáticas mientras los británicos entraban por allí, literalmente, con todo lo que cabía sin embarrancar, como fragatas, buques logísticos y hasta algún achatarrado submarino perdiendo aceite radioactivo por su escacharrada fontanería “Made in Britain” (quien ha visto a la construcción naval británica y quién la ve) llenando todo de porquería sin que le importe a nadie. Pero eso sí, como se le ocurra a un barco militar español acercarse a las costas españolas, la armamos. Incluso cuando un buque pirata yanqui cazatesoros se dedicaba, con patrocinio y permiso gibraltareño, a campar a sus anchas por la zona saqueando tesoros españoles, la adminsitración “zapatera” tardó tres años en tomar medidas, y dar ordenes a la veterana patrullera DESCUBIERTA para que los detuviera, no fuera a enfadarse alguien. ¡Pues menudos son estos señores -que luego se jubilan en Fuengirola y Benalmádena y se operan en la Seguridad Social española- para sus cosas!.

Pero llegó este por lo demás desastroso gobierno y un buen día (2012) apareció por la bahía la patrullera VENCEDORA echando un vistazo por esas cosas de la conservación medioambiental de los tres petroleros guarros que los gibraltareños tienen allí conviertiendo la bahía en una gasolinera naval, y la lancha de la Royal Navy salió como una bala a por ella, para decirle que se retirara de aguas de su jurisdicción, con las consiguientes protestas consulares. Lo cierto es que a la consabida lancha se le está dando bastante trabajo, pues, aparte de todas las protestas e incursiones de los pescadores de Algeciras (con toda la razón), últimamente han aparecido por nuestras aguas (¡será posible!) dos buques más de nuestra Armada, a saber, la VIGIA y el ALBORÁN. El mismísimo almirante Nelson, sin duda alguna, se habrá revuelto en su tumba, y algunos diputados británicos, tan ponderados y juiciosos ellos, han pedido dejarse de cuentos y echar a pique toda la Armada española, aparte de nuevas protestas consulares, mientras el embajador Trillo prepara de nuevo su traje de gala para pasar consultas.

En realidad, todo es un poco fatuo: aparte de que para echar a pique toda la Armada española no nos hacen falta los británicos -ya lo estamos logrando, en buena medida, gracias a la crisis (desguace del PRINCIPE DE ASTURIAS) y los fallos de ingenieria (submarino S-80)- el VIGIA no es ningúna fragata ni un submarino atómico averiado, sino una simple patrullera armada con un viejo cañón de 76 mm.construida en los años 90 junto a sus tres hermanas (SERVIOLA, CENTINELA y ATALAYA) para sustituir a las viejas corbetas tipo DESCUBIERTA (DESCUBIERTA, VILLA DE BILBAO, NAUTILUS y PRINCESA) con casi 40 años de servicio, y en cuyo historial figura, gracias a su muy notable autonomía, la famosa y también “recortada” gubernamentalmente -esta vez fue Felipe González- Guerra del Fletán, y el ALBORAN diremos que, para estupefacción de algunos es ¡un barco pesquero!, modificado precisamente para el apoyo a la pesca como consecuencia de conflictos como el antedicho.

Con tan pocos mimbres, muy sensibles o manipulados por el perverso Dart Waider Picardo tienen que andar los británicos para asustarse, ahuyentarse o precaverse contra “actitudes hostiles” de navíos de la Armada para ellos tan inofensivos. La Armada, sin embargo, hace lo que debe, es decir, la presencia naval en aguas de su jurisdicción e incluso de discutida propiedad, sobre todo cuando en ellas se hacen obras tan sumamente ilegales y hostiles como la que perpreta Dart Waider al otro lado del Peñón, que parece ser es lo que miraba la VIGIA, antes de que la lancha cojonera saliera a dar la vara como siempre. Pues muy bien hecho, qué quieren que les diga. Si los británicos circulan por allí con lo que les da la gana, e incluso tienen un portaaviones, el ARK ROYAL, hundido a 25 millas de Gibraltar y 12 de Fuengirola -en aguas inequívocamente españolas, aunque, por supuesto, ni acercarse por allí o se cabrean- los barcos españoles, en uso de su atribución y su derecho, pueden navegar sus aguas sin que nadie les importune intentando descifrar sus intenciones ¿O cuáles eran las de los british cuando al pasado mes de Agosto nos mandaron media flota al lugar?¿Tendríamos que haberles declarado la guerra?. No sé si por fortuna o por desgracia, al final no habrá caso, pues a su flota le está pasando lo mismo que a la nuestra: se hunde sola cayéndose de vieja. SEguramente los pacifistas y partidarios del amor libre y universal estarán felices por ello.

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CAUSA ULTIMA

En una trillada serie televisiva -de las que se acaban y te la vuelven a enchufar, pero al menos es de barcos, rara avis en la parrilla-barbacoa televisiva actual- a cuenta de un extravagante capitán, un marinero le decía a su primer oficial: “El capitán es el barco; si cuestionamos al capitán, lo cuestionamos todo”. Este sencillo argumento, que habría evitado famosos y fílmicos motines como el de la BOUNTY, u otros más graves y ocultos por la RN como el de la HERMIONE, del que al final los españoles pagamos los platos rotos, es tan de aplicación hoy día como lo era hace cien años. Si lo aplicamos a barcos cuyo capitán se ha visto involucrado en graves problemas, veremos que nos lleva a reflexionar: por ejemplo, veamos con el COSTA CONCORDIA y el capitán Schettino.

Ahora todo el mundo tiene clarísimo que, además de inepto, este señor era un cobarde, y otros muchos denuestos televisivos que te repite machaconamente hasta el “lorito” presentador-ra más tonto. Nos hemos cebado en el capitán al que apuntan todas las culpas (no seré yo quien le defienda), pero la moraleja de esta lección defectuosamente aprendida sería que no pongas un mal capitán al mando, pues entonces es probable que te la pegues; más enjundiosamente, cabría decir que si el capitán es el barco, y el capitán es malo, por lógica osmótica el barco también se convierte en malo, aunque sea excelente y, además, inocente, lo cual parece ser el caso del desafortunado COSTA CONCORDIA. Como, además, se la va a cargar -todos los oficiales han reconocido los cargos para librarse de la trena, dejándolo “solo ante el peligro” con una pena con la que no puede eludir la cárcel- parece que todo a punta a que Schettino, con cara de turco, pagará el pato de su incompetencia, sus culpas y las de todos los demás. No hay quien le salve a estas alturas.

Pero precisamente en tan interesante momento, lo que me pregunto es quién, de los numerosos periodistas e investigadores, se ha preocupado de averiguar qué es lo que pasó en el COSTA CONCORDIA, es decir, la CAUSA ULTIMA por la que este barco, cuando iba a ejecutar la frívola maniobra de una evolución cercana a tierra en una tranquila noche navideña, le tomó a ésta demasiado cariño acabando por restregarse y revolcarse contra ella hasta el punto de llevarse un cacho piedra incrustado en las entrañas, con todas las graves consecuencias que ello conlleva para la seguridad y correcta estanqueidad del vaso del del buque y no digamos del numeroso pasaje. Hay en el COSTA CONCORDIA un velado misterio muy similar al del petrolero EXXON VALDEZ, que, recordemos, se estampó contra un bajo de la costa alasquense previsto en el navegador porque su oficial de guardia, en el momento oportuno -llevaba varios días corto de descanso- se olvidó de hacer la metida de timón oportuna. Tambien el responsable en este caso, ni que decir tiene, fue el capitán, que ni siquiera estaba en el puente y al que detectaron cierto olor a alcohol destilado en el aliento tras el incidente. Quedó como un borracho cabrón -mis disculpas- que había cometido grave negligencia “in vigilando” al ausentarse en momento tan trascendente como el cambio de rumbo, fue satanizado incluso en películas y cargó con todo el marrón arruinando su carrera y abandonando la profesión. Creo que el famoso capitán Hazelwood se dedica hoy día a la enseñanza en un tranquilo instituto, ha sido reconocido como “superdotado” en numerosos test psicológicos a los que se ha prestado voluntariamente y debe seguir preguntándose por qué aquél condenado oficial, en el que depositó la tremenda confianza de apretar un botón en el momento oportuno, no lo hizo. Nosotros también, puesto que, estimulando este negligente “dedito” habríamos evitado una catástrofe ecológica petrolera mucho más gorda que la del PRESTIGE.

Así llegamos, inevitablemente, al COSTA CONCORDIA; no sé ustedes, pero yo sigo sin saber por qué el oficial de derrota, el de guardia o el que gobernara el buque aquella desgraciada noche, con todos los aparatos electrónicos y de al ta tecnología del mundo para navegar a su disposición, no detectaron que iban derechos a tierra ni nada les avisó del error garrafal que estaban cometiendo. Porque, querámoslo o no, ahí está la CAUSA ULTIMA, y, averiguándola, podríamos evitar que se produjera otro accidente similar. ¿Falló esta vez un dedito, hubo alguien con disimulada borrachera en el puente o tal vez se empleó mal la escala o quién sabe qué de uno de éstos complejísimos y difíciles de manejar aparatos modernos que tanto nos ayudan y acosan, engañando a quien lo manejaba y llevando el barco a las piedras?. Sería muy útil verificar y tener certeza sobre este extremo, porque de esta manera se haría buen servicio no sólo al gremio de los grandes fun-cruisers, sino al de la navegación en general, que vive hoy adherida al aparatito electrónico como una mosca a un tarro de miel. Crucificando a Schettino probablemente no se cometa ninguna injusticia, pero una vez saciada la sed de revancha pública generada por el procesamiento y condena mediáticos -uno más- promocionados desde los medios de comunicación, encontraremos que seguimops siendo igual de imbéciles que antes que el accidente y cualquier embarcación estará en trance de repetirlo. Averiguar la CAUSA ULTIMA es una deuda que tenemos con todas las víctimas, precisamente, para que no vuelva a ocurrir.

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