Archivo mensual: septiembre 2013

COPA AMERICA 2013: del 8-1 al 8-9

De la goleta AMERICA al traje de IRON MAN.
Acaba de concluir una edición de Copa América capaz de hacer enloquecer. De ser una retransmisión marginal, ha terminado haciendo echar humo a los teléfonos y,como la de Valencia de 2006, creando unos cuantos aficionados nuevos; al menos, entre amigos y conocidos. Los neocelandeses tenían en principio tal superioridad sobre los americanos que, cuando a éstos además les cayó una penalización, todo el mundo empezó a calcular cómo sería la próxima edición en Auckland y qué barcos utilizarían los neocelandeses. Una vez más, sin embargo, se ha demostrado que no se puede vender la piel del oso antes de haberlo cazado; hay que hacer el mejor elogio de los norteamericanos, que, levantando un séptuple “match-ball”, han acabado arrasando a sus enemigos cuando lo tenían todo en contra. Como la goleta AMERICA en su día, han hecho Historia.

La lección inmediata es que a un adversario formidable como los yanquis hay que aniquilarlo cuando está contra las cuerdas; si no, va tirando con respiración artificial hasta convertirse en inasequible: la última victoria de ORACLE, navegando con peor táctica que EMIRATES NZ pero abriendo brecha insalvable a base de ángulo y velocidad lo dice todo: ya no había nada que hacer. Pero no todas las regatas han sido así, y los errores de Nueva Zelanda se han pagado carísimos al final. ¿Exceso de confianza?. No. Más bien, carecer de capacidad de remate, descabello o aniquilación. Algo muy humano, pero mortal necesariamente.

Otros adversarios a muerte de los yanquis, en situación mucho más dramática, han probado del mismo cáliz. Hace 70 años, el almirante Yamamoto, habiendo descalabrado la flota acorazada norteamericana en Pearl Harbour, conquistado Filipinas, las Marianas y Nueva Guinea, además de masacrar a británicos y holandeses en Malasia y el mar de Java (respectivamente), se creyó que los tenía en el bolsillo; pero se había dejado vivos los portaaviones enemigos -YORKTOWN, SARATOGA, HORNET, ENTERPRISE y LEXINGTON- y aunque logró cazar al último y escacharrar gravemente al primero en el mar del Coral, cuando Yamamoto quiso apoderarse de Midway resultó que le habían descifrado los códigos y, conociendo sus planes -los americanos son muy dados a este tipo de guerritas; los kiwis harían bien en revisar su contraespionaje- le colaron dos portaaviones detrás de sus líneas (el YORKTOWN apañado en tres días y con casi todo “provisional”) y le hundieron los cuatro de que disponía. A partir de entonces, Yamamoto, como quien dice, estaba listo; fue el principio del fin de la cruenta guerra del Pacífico en la II Guerra Mundial.

No se puede dejar de comentar el tipo de barco escogido para esta Copa 2013; todos, evidentemente, amamos el clásico y entrañable monocasco, pero el catamarán, aparte de espectacular, se ha demostrado rapidísimo (puntas de 47 nudos), haciendo fosfatina el dicho de “mas aburrido que una carrera de veleros”. Nos guste o no, me temo que los magnates de los derechos de televisión no admitirán para futuros desafíos otro tipo de barco más convencional; al fin y al cabo, Ellison es un Tío Gilito y lo único que le gusta más que la vela es la pasta. Lo que habrá que ir pensando es cómo evitar que se desintegren estos trastos despues de salir volando (tendrán que aterrizar) o con qué recoger los pedacitos de la tripulación cuando “pinchen” por detrás una ola respetable a 40 nudos de velocidad y el artefacto diga que va para abajo como un submarino. Conozco la pirueta, y da bastante miedo a mucha menos velocidad. Puede que, en vez de casco y tobilleras, Ellison tenga que hablar con Robert Downey Jr. para que Tony Stark proporcione el último modelo de trajes de Iron Man con bragueta inteligente; así, si se contempla el inminente batacazo de la embarcación, al menos se puede salir volando cada uno por su cuenta; un abandono del barco rápido, antes de que se la pegue. ¿Se imaginan el espectáculo?

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BLAS DE LEZO y su hazaña naval

Asistimos en estos momentos a una reivindicación de la figura de Blas de Lezo, capitán general de la Armada Española del siglo XVIII famoso por la captura de la capitana de Argel en la rada de Mostagán, y la inmortal defensa de Cartagena de Indias del ataque de la flota del almirante inglés Vernon con una fuerza muy superior a la de la Armada Invencible; los británicos quisieron así abrirse paso, a mediados de este siglo y durante la llamada Guerra del Asiento, a la posesión de América del Sur, pero les salió el tiro por la culata y tuvieron que esperar al siguiente para lograrlo mediante la masonería y “procesos de emancipación” que ellos apoyaron.

Dentro de los actos de homenaje a este ilustre personaje de nuestra Armada, en el Museo Naval de Madrid está abierto al público el monográfico “Blas de Lezo; la Exposición”. Basta con teclear este título para entrar en una interesante web con la que vais a disfrutar. Los libros al respecto de la hazaña de Cartagena de Indias son ya al menos media docena, con diferentes enfoques. A los que estéis interesados, resaltar el del autor “Morirás por Cartagena” escrito el año 2010 para el Premio Nostromo y que, a partir del mes de febrero, tendreís en Punto de Vista editores para ebook, publicado en kindle a un precio muy interesante.

Tambien el foro Histocast es un apasionado defensor de la figura de Blas de Lezo, por lo que os lo recomendamos pues contiene mucha información interesante al respecto. Animaos a navegar con el valiente almirante “Medio Hombre” (tuerto, manco y cojo), luego llamado “Hombre y Medio” por su demostrado valor. Que no está mal que los españoles ganen de vez en cuando -y de paliza- a los británicos, sobre al defender lo suyo.

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CONCORDIA REFLOTADO o PARBUCKING´S BLUES

Al fin, despues de casi dos años yaciendo como mudo monumento a la impericia naval, ayer nos sorprendieron los teletipos anunciando que el megabuque de crucero o fun-cruiser (crucero cachondo) COSTA CONCORDIA, de 114.000 toneladas, había dejado de estar “torcido” para, según la prensa y medios de comunicación, yacer de nuevo en su posición correcta, es decir, “enderezado”. Los marinos solemos preferir que los buques zozobrados recuperen su posición de adrizamiento, pero, dadas las imponentes formas paralelepípedas del siniestrado catafalco vacacional, y las características del proceso -conocido como “parbucking”- no me atrevería a imponer el argot naútico, pues puede que hablar de vuelcos y enderezamientos sea lo más correcto. Tampoco “reflotado” es expresión certera, puesto que el CONCORDIA flota, en efecto, pero lo hace sobre una cama sumergida de sacos de arena sobre una grada, toda una novedad.

A cuento del tema de los reflotamientos y recuperaciones navales, me viene a la memoria una ocasión, hace ya muchos años, regenerando de arenas la playa de Roquetas de Mar, cuando tuve ocasión de ver el buque que lo materializaba con una naturalidad y eficacia irreprochables: salido de sabe Dios qué perdida subasta de material naval sin uso posible, aquel pequeño buquecito se había reciclado para todo tipo de operaciones y obras anfibias, y lo hacía bien. ¿Quién es? -preguntamos, y nos respondieron: ¿no conoce usted a Casteres?

Pues no, no lo conocíamos y de hecho, a la sazón era un auténtico desconocido, pues aún le esperaba el año 92, que le haría famoso gracias al ingenioso y muy habil reflotamiento de la reprodución de la nao VICTORIA en el muelle de la Expo de Sevilla despues de que una maniobra asimilable a la ejecutada por el cap. Schiettino mandara tan hermoso modelo a dar de bruces contra el fango del Guadalquivir con mascota y todo a bordo, imagen que dió la vuelta al mundo como su antecedente más gloriosa al mando de Juan Sebastián Elcano.

Casteres consiguió por un precio módico y con gran habilidad el adrizamiento, enderezamiento o reflotamiento del mismo modo que 100 ingenieros, 600 millones de dólares y una gran despliegue mediático lo han logrado con el CONCORDIA, lavando tambien el honor de la nación abanderante de la nave. Lo cierto es que la historia de los reflotamientos, al menos en lo que al s.XX se refiere, si algo han demostrado es que requieren gente de gran pericia, habilidad, paciencia y experiencia, es decir, todo lo contrario de los que ejecutaron el consabido estropicio.

Don Luis Jar, en uno de sus inefables artículos, nos recuerda el accidente por varada del submarino H-3 en un banco de arena en Humboldt Bay, Oregón, allá por 1917, que se saldó con el naufragio y embarrancada del crucero MILWAUKEE de 10.000 toneladas cuando, de forma poco meditada, el comandante debió pensar que un tirón bastaría para sacar el submarinito del mal paso; no se pierdan este episodio, que concluyó con el salvamento del H-3 por los Casteres locales por sólo 18.000 euros. Ya de manera más seria, hay que citar la que probablemente ha sido mayor operación de reflotamiento de todos los tiempos, la de 5 cruceros de batalla y 7 acorazados alemanes en Scapa Flow, que duró casi 30 años del período entreguerras, y en la que la empresa Cox, utilizando peritos sistemas como las cámaras estancas de presión, llegó a poner a flote del reves -completamente volcados- enormes barcos de 25.000 toneladas para llevarlos al dique de desguace.

Muy a su pesar, los yanquis entran ahora en esta historia del reflotamiento naval a cuenta del desastre de Pearl Harbour; aquí la eficiente ingeniería americana se impuso por sus fueros, y podemos hoy contemplar la foto de un gigantesco acorazado -creo que era el UTAH- volcado y con una imponente obra de escuadras soldadas a la aparadura, de la que tiran con los correspondientes cabrestantes para ponerlo “del derecho” (que diría mi abuela). Así cualquiera, claro, pues no consta cifra de gastos, aunque es indicativo que despues de la magna obra, los yanquis, siempre tan pragmáticos, decidieran dejar el ARIZONA hundido dentro del puerto y hacer un bonito monumento encima, ciertamente mucho más económico.

Tambien por accidente, durante este conflicto, zozobró en el puerto de Nueva York el transatlántico francés NORMANDIE, que los yanquis pensaban transformar en portaaviones. El diseñador del buque se hizo cargo esta vez de las operaciones de reflotamiento con un plan “tipo Casteres” -economía de guerra manda- de ir moviendo pesos y vaciando compartimentos en el interior y, aunque fue parto de burra y duró más que Guerra y Paz en la moviola, llegó a buen fin a un precio razonable (16 millones de dólares). Y así llegamos, muchos años despues, al famoso COSTA CONCORDIA; esta vez la técnica, el parbucking, se basa en el manejo de ciertos toneles dentro de la industria del ramo, lo que ya es una dolorosa humillación que nada bueno vaticina; luego, y aparte de la contrucción de la “cama de enfermo” subacuática para que el “muerto” caiga sin pirárselas a mayor profundidad pendiente abajo,se le añaden al casco del buque unos tanques paralelepípedos (se supone haciendo juego con el conjunto), que permitan ir llenándolos y vaciándolos para lograr el definitivo adrizamiento -perdón, enderezamiento- y dejarlo en posición de, achicando, ser remolcado al cruel destino del dique de desguace. Esto de engrosar los costados, para que lo sepa el lector, ya está inventado hace siglos y se le llama “embonar” el buque; solía hacerse con los navíos que resultaban inestables, díscolos o de perversa flotabilidad. Igual se ha hecho con el CONCORDIA, y lástima que no podamos hacer igual con Schiettino, al que, mucho nos tememos, no lo “embonará” ni una buena estancia a la sombra. No será el primero.

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ICONOFILIA E ICONOCLASTIA NAVAL

A diferencia de otras culturas, profundamente iconoclastas, es decir, poco o nada amantes de los símbolos, la nuestra, como cultura virtual, ama todo lo que simbolice algo hasta elevarlo a la categoría de mito. Así sucede, por ejemplo, con todo lo referente al santoral, que en su día llevó a la representación simbólica en tallas y estatuas, alcanzando su cenit con el barroco, cuando se producen auténticas maravillas que ya había precedido, como si lo supiera, el genio de Miguel Angel con su escultura (siempre dijo ser escultor y no pintor, por mucha capilla sixtina que se le conozca). Con el tiempo, toda esta iconofilia (amor a los símbolos) ha derivado en las semanas santas, paseos de santos, saltos de la reja y demás manifestaciones populares, auténticas y enfervorizadas pasiones iconofílicas donde los ánimos y el fervor -que no la fe ni los actos piadosos- se desatan hasta niveles francamente preocupantes, sobre todo en lo que se refiere al estado de salud mental de los practicantes.

Pues bien, de forma completamente casual, la iconofilia e iconoclastia ha llegado al mundo de los barcos. La cosa ha tenido lugar a consecuencia de un mayestático fenómeno natural -el terremoto y tsunami posterior del Japón en 2012- que, aparte de causar miles de víctimas e invalorables cantidades de destrozos, ha producido curiosos efectos colaterales, como el vertido de agua radioactiva a las aguas del océano Pacífico, la consecución de la Olimpiada de 2020 dejando a Estambul en la cuneta (de Madrid ni hablamos; nuestra mas cordial enhorabuena a los japos) y la “navegación” de un pesquero de 400 toneladas desde su correcto emplazamiento en el puerto hasta casi el centro de una plazoleta de la localidad de Kesennuma, donde se quedó perfectamente adrizado, en condiciones de prestar servicio, y, como se dice vulgarmente, “tan pancho”.

La verdad es que a los japoneses que circulaban por la avenida correspondiente debía causarles cierto embarazo, por no decir algo peor, encontrar un pesquero de hermoso bulbo rojo cruzado en su camino, careciendo por completo de efectividad el consabido ataque de apretar el claxon, tan frecuente en estos casos. A pesar de ser cultura oriental, y que en los templos sintoístas hay menos estatuas que en la bodega de un bulkcarrier -por no tener, no tienen techo ni paredes, lo que no les priva de proveer a quien los visita de un cálido ambiente de paz espiritual, que es lo que se persigue; gran lección para la iglesia barroca- entre los japoneses el influjo occidental y la iconofilia ha llegado y algunos japoneses pidieron la conservación del pesquero en su lugar, incluso modificando el entorno, como recuerdo y símbolo de la tragedia. En España, iconofílica hasta la médula, una propuesta así habría triunfado. Los planes municipales se habrían modificado lo necesario, las arcas municipales se hubieran rebañado si es preciso a la búsqueda del dinero necesario, o se hubiera buscado el patrocinio privado correspondiente. Pero el político de turno ni por lo más sagrado habría renunciado a semejante espectáculo, puede que no llovido del cielo, pero sí extraído de la mar, pues la iconofilia, como todo el mundo sabe, acaba derivando en gran y enfervorizado espectáculo de masas, y, además, gratuito.

Pues bien, para que vean la diferencia, de iconofilia a iconoclastia, los japoneses residentes en Kesennuma con derecho a voto han dicho que no. Iconoclastia total. Ayer nos traían los noticiarios que habían comenzado los trabajos para el desguace “in situ” de aquel barco situado por la arbitraria y caprichosa naturaleza “fuera de situ”. El FULANITO MARU -el nombre es mío porque aún, lo confieso, no sé leer japones, pero tengan por seguro que el Maru es cierto- será desguazado y los kesennumarenses podrán llegar cómodamete a su semáforo sin que un enorme casco rojo y azul se interponga en su camino, ni sufrir su ciudad cambio alguno en el rectilíneo y ortogonal trazado de sus avenidas. Todo volverá, pues, a la normalidad, o a la espera de que el próximo cataclismo -los japoneses son gente excepcional que habita tierra y mares muy ingratos- vuelva a poner las cosas fuera de lugar, incluida la radioactividad, para que ellos luego las coloquen en su sitio.

A mí sólo me queda preguntarme qué sucedería si, estando una patrullera española tipo SERVIOLA o DESCUBIERTA patrullando las discutidas aguas de Gibraltar, sucediera que de pronto un tsunami, o un simple salto acrobático (patrullera arriba ¡hop!) la colocara sobre la pista del aeródromo edificado ilegalmente en el itsmo, justo en medio de la avenida Winston Churchill que lleva al centro urbano del pintoresco pueblo británico. Al estupor inicial -imaginen un buque cruzado en la avenida y aeropuerto ¡con una bandera española -constitucional- flameando en su mástil!. Los horrorizados llanitos llamarían a la Royal Navy, a la Otan por la invasión, al Trinity House y, seguramente tambien, a la señora Jane Goodall, gurú de los monos, para que les libraran de semejante contradiós. Iconoclastia total. Por nuestra parte, sería un símbolo a conservar, ocuparía portadas de todos los diarios -incluso de El País- y se organizarían peregrinaciones, procesiones y manifestaciones para apoyar su conservación desde nuestros límites. Iconofilia. Porque aquí viene el problema ¿se atrevería alquien a saltar la verja?. Me parece a mí que este Rocío pilla demasiado alto. No quedaría entonces sino desguazarlo “in situ” como al japonés. Iconofagia naval, como todo lo demás, y no sería el primer caso en este sitio.

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GIBRALTAR, NI UNA MÁS

En la página de ONDA CERO RADIO teneís publicado el sensacional monográfico de Jose Antonio Quirze HISTORIAS DEL MAR-GIBRALTAR NI UNA MÁS, en el que, bajo el punto de vista de los navegantes, los pescadores de Algeciras, los ecologistas y el historiador se examina todo este problema al que algunos acusan de ser serpiente de verano, pero que va camino de convertirse en dinosaurio perenne para muchos meses. Interviene como navegante y escritor, abriendo el programa, Víctor San Juan, y lo cierra el gran historiador y capitán de navío don Luis Delgado Bañón ¡no os perdáis este programa!
Para los interesados, teclead HISTORIAS DEL MAR-ONDA CERO-GIBRALTAR NI UNA MAS

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