FANTASÍA EN GIBRALTAR

Ya tenemos aquí, como no podía ser menos, el conflicto crónico veraniego, que si no es a cuenta de Marruecos viene a cargo de esa otra enfermedad que es Gibraltar, y lo cierto es que acabamos hartos de ver los mismos titulares con leves variaciones, salen al ruedo los heroicos tertulianos de estéril defensa de la integridad nacional -en España las nuevas generaciones ya no saben ni lo que es- y luego les matizan los ambiguos de siempre, pues siempre hay intereses menores y las quinta columnas están muy de moda, en especial en algunos partidos que ya tienen su propia columna dentro de sí mismos, como una caracola, constituyéndose en paradoja tan rebuscada que algún día, casualmente, acabarán por ser verdad. Luego nos salen los grandes próceres jubilados nacionales y ganadores de celebrados premios equiparando a los unos y los otros, como a ETA y al Estado español, por ejemplo, y apelando al diálogo, presentándose así como firmes candidatos a acompañar a los bloques de hormigón que está fondeando el alcalde pedáneo Picardo en el lecho de la bahía, de donde nos tememos, y para desgracia de los pescadores algecirenses, tardarán muchos años en ser retirados.

Así que, a título imaginativo, y para tomar perspectiva, nada hay como elaborar una fantasía que algunos encontrarán disparatada, pero que puede resultar aleccionadora: vamos a imaginarnos que, con ocasión de la guerra de Sucesión inglesa -mediados del siglo XVII- entre que se muere Cronwell y llega el católico Carlos II al trono unos españoles que andaban despistados por allí por problemas de aguja (naútica, se entiende) desembarcan en la isla de Wight y la toman en nombre del nuevo rey Carlos Estuardo, católico como su primo Felipe IV de España, al fin y al cabo. A Carlos, una vez rey, le hace gracia la cosa, les nombra caballeros de la Jarretera y decide que siempre habrá una guarnición española en Wight. Luego llegan los protestantes destituyendo a Jacobo II, y los españoles, en resistencia numantina que tanto nos caracteriza históricamente -casualmente, el viejo Tercio Alejandro Farnesio tenía guarnición en la ínsula en ese momento- resisten el asedio y así, como quien no quiere la cosa, va pasando el tiempo, los british conquistan la India y se les olvida Wight -procuren hacer un gran esfuerzo imaginando, soy consciente- y tira que te va aparecemos en el siglo XX, con una guarnición legionaria en Wight amparando todo tipo de atropellos, contrabandismo, sinvergonzonería, corrupción y ddemás desmanes internacionales que, por situación consolidada (la población española de la isla se niega a ser inglesa despues de la batalla de Trafalgar) agárrense, señores ¡llega hasta nuestros días!.

Bueno, pues sigamos con el cuento (sólo un párrafo más): un día, los wightenses eligen un gobernador de la isla un poco peculiar, pero que ellos piensan va a defender sus intereses, llamado Xose Manel Beiras -por ejemplo- y resulta que este individuo, despues de una noche de ira y lágrimas en él característica, decide al día siguiente ponerse a tirar bloques de hormigón en medio del Solent, es decir, aguas jurisdicionales absolutamente británicas. ¿Qué sucedería?¿Sería llamado en Madrid el embajador inglés a consultas por la escasa colaboración en los lanzamientos del Reino Unido? ¿O se desplegaría una brigada de Gurkhas que, despues de pasar a todos los presentes y algunos ausentes a cuchillo la noche de San Borondón -célebre santo gaélico- al fin izarían con honor y gloria la cruz de san Andrés en la isla?. Desde luego, España siempre puede ser presa del más integrista derechismo -el hijo de Blas Piñar es presidente del gobierno en ese momento- y enviar la gloriosa fragata NUMANCIA a ver qué pasa, pero los british remiten en su contra el submarino TIRELESS, que por disparar solo modernos torpedos del arsenal inglés -con los que a punto está de autotorpedearse- y, como no dispone de Mark IV de 1927 como el que hundió en su día al GENERAL BELGRANO, falla el ataque. Aparte, sufre una avería en los tubos de refrigeración radioactiva, y ha de acudir urgentemente a reparar a la base que quede más cerca ¿Cuál?

Pues ya lo saben ustedes: Gibraltar. Para que luego digan que existe un orden racional y equilibrado en el mundo occidental. Por supuesto, una vez conquistada la isla de Wight, los wightenses presentan una protesta al gobierno británico en defensa de sus puestos de trabajo, y los laboristas les apoyan. Aquí ya hay que cesar en este cuento, pues realmente se llega a alcanzar un disparate simétrico de tales dimensiones que ustedes acabarían dudando del equilibrio mental del redactor. Sin embargo, nadie duda de la situación primitiva, es decir, la real: la que tenemos que soportar todos los benditos años de unos monos okupas con un jefe chalado fastidiando las relaciones de dos importantes países de la Europa occidental y la OTAN porque él ha dormido mal esa noche. Y la Comunida Europea, sesteando como habitualmente en sus butacones de Bruselas. Pues bien, señores, adelante con los faroles, y que siga el hormigón sembrando la bahía; al fin y al cabo, él sí es español, no como otros que cobran del erario público.

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1 comentario

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Una respuesta a “FANTASÍA EN GIBRALTAR

  1. Alfonso

    Como no podía ser menos, Víctor San Juan ha novelado un sentimiento extendido en muchos de nosotros, que vemos enfermar un país por el crónico egoísmo de “personajillos” y “mininacionalismos” que surgen continuamente (ya desde el viejo Régimen Franquista se nos ha formado en este “espíritu de obediencia caciquil”) y que no solo sirve para que nos vacíen las arcas públicas, sino que también se vacía la dignidad de ser persona y respetable (digno de respeto), y todo por haber nacido ¿español?.

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