Archivo mensual: agosto 2013

FANTASÍA EN GIBRALTAR

Ya tenemos aquí, como no podía ser menos, el conflicto crónico veraniego, que si no es a cuenta de Marruecos viene a cargo de esa otra enfermedad que es Gibraltar, y lo cierto es que acabamos hartos de ver los mismos titulares con leves variaciones, salen al ruedo los heroicos tertulianos de estéril defensa de la integridad nacional -en España las nuevas generaciones ya no saben ni lo que es- y luego les matizan los ambiguos de siempre, pues siempre hay intereses menores y las quinta columnas están muy de moda, en especial en algunos partidos que ya tienen su propia columna dentro de sí mismos, como una caracola, constituyéndose en paradoja tan rebuscada que algún día, casualmente, acabarán por ser verdad. Luego nos salen los grandes próceres jubilados nacionales y ganadores de celebrados premios equiparando a los unos y los otros, como a ETA y al Estado español, por ejemplo, y apelando al diálogo, presentándose así como firmes candidatos a acompañar a los bloques de hormigón que está fondeando el alcalde pedáneo Picardo en el lecho de la bahía, de donde nos tememos, y para desgracia de los pescadores algecirenses, tardarán muchos años en ser retirados.

Así que, a título imaginativo, y para tomar perspectiva, nada hay como elaborar una fantasía que algunos encontrarán disparatada, pero que puede resultar aleccionadora: vamos a imaginarnos que, con ocasión de la guerra de Sucesión inglesa -mediados del siglo XVII- entre que se muere Cronwell y llega el católico Carlos II al trono unos españoles que andaban despistados por allí por problemas de aguja (naútica, se entiende) desembarcan en la isla de Wight y la toman en nombre del nuevo rey Carlos Estuardo, católico como su primo Felipe IV de España, al fin y al cabo. A Carlos, una vez rey, le hace gracia la cosa, les nombra caballeros de la Jarretera y decide que siempre habrá una guarnición española en Wight. Luego llegan los protestantes destituyendo a Jacobo II, y los españoles, en resistencia numantina que tanto nos caracteriza históricamente -casualmente, el viejo Tercio Alejandro Farnesio tenía guarnición en la ínsula en ese momento- resisten el asedio y así, como quien no quiere la cosa, va pasando el tiempo, los british conquistan la India y se les olvida Wight -procuren hacer un gran esfuerzo imaginando, soy consciente- y tira que te va aparecemos en el siglo XX, con una guarnición legionaria en Wight amparando todo tipo de atropellos, contrabandismo, sinvergonzonería, corrupción y ddemás desmanes internacionales que, por situación consolidada (la población española de la isla se niega a ser inglesa despues de la batalla de Trafalgar) agárrense, señores ¡llega hasta nuestros días!.

Bueno, pues sigamos con el cuento (sólo un párrafo más): un día, los wightenses eligen un gobernador de la isla un poco peculiar, pero que ellos piensan va a defender sus intereses, llamado Xose Manel Beiras -por ejemplo- y resulta que este individuo, despues de una noche de ira y lágrimas en él característica, decide al día siguiente ponerse a tirar bloques de hormigón en medio del Solent, es decir, aguas jurisdicionales absolutamente británicas. ¿Qué sucedería?¿Sería llamado en Madrid el embajador inglés a consultas por la escasa colaboración en los lanzamientos del Reino Unido? ¿O se desplegaría una brigada de Gurkhas que, despues de pasar a todos los presentes y algunos ausentes a cuchillo la noche de San Borondón -célebre santo gaélico- al fin izarían con honor y gloria la cruz de san Andrés en la isla?. Desde luego, España siempre puede ser presa del más integrista derechismo -el hijo de Blas Piñar es presidente del gobierno en ese momento- y enviar la gloriosa fragata NUMANCIA a ver qué pasa, pero los british remiten en su contra el submarino TIRELESS, que por disparar solo modernos torpedos del arsenal inglés -con los que a punto está de autotorpedearse- y, como no dispone de Mark IV de 1927 como el que hundió en su día al GENERAL BELGRANO, falla el ataque. Aparte, sufre una avería en los tubos de refrigeración radioactiva, y ha de acudir urgentemente a reparar a la base que quede más cerca ¿Cuál?

Pues ya lo saben ustedes: Gibraltar. Para que luego digan que existe un orden racional y equilibrado en el mundo occidental. Por supuesto, una vez conquistada la isla de Wight, los wightenses presentan una protesta al gobierno británico en defensa de sus puestos de trabajo, y los laboristas les apoyan. Aquí ya hay que cesar en este cuento, pues realmente se llega a alcanzar un disparate simétrico de tales dimensiones que ustedes acabarían dudando del equilibrio mental del redactor. Sin embargo, nadie duda de la situación primitiva, es decir, la real: la que tenemos que soportar todos los benditos años de unos monos okupas con un jefe chalado fastidiando las relaciones de dos importantes países de la Europa occidental y la OTAN porque él ha dormido mal esa noche. Y la Comunida Europea, sesteando como habitualmente en sus butacones de Bruselas. Pues bien, señores, adelante con los faroles, y que siga el hormigón sembrando la bahía; al fin y al cabo, él sí es español, no como otros que cobran del erario público.

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SOLO UN PAR DE CITAS

Viene al pelo el tema del “fin de la cita”, ahora tan de moda, para comentar el último libro que traje de veraneo, un ejemplar de la inefable editorial Austral ahora absorvida por Planeta del hispanista o españólogo Henry Kamen que se titula “Poder y Gloria”. En ella el autor nos recopila una selección de los según él mayores héroes del imperio español, además de legar a la posteridad un par de citas que no he podido resistir la tentación de comentar.

Vamos al lío. Los personajes escogidos son el Gran Capitán, Hernán Cortés, Pizarro, Carlos V, el Duque de Alba, Juan de Austria, Farnesio, Spínola, el cardenal Infante y Berwick. Dice lamentar no haber incluido otros como Requesens o Alberto de Austria, así que se sobreentiende que para el señor Kamen personajes como Fernando de Aragón, Isabel de Castilla (posiblemente ambos los paladines más grandes de nuestro imperio, sin tener en cuenta -como se debe- la discriminación positiva para la segunda), Margarita de Austria, Juan Sebastián Elcano y un largo etcétera deben ser secundarios sin la menor importancia. Viva la españología.

Como primera terapia, para introducir el tema, Kamen nos dice al menos cinco de ellos no eran españoles, poniendo así en evidencia -de entre los por él elegidos- la escasa capacidad española para producir héroes. De los cinco supervivientes, según él al Gran Capitán lo encumbraron los italianos para fastidiar a los franceses, con Cortés se exageró mucho -incluso en el mundo anglosajón- pues era un “engatusador”. Pizarro era “pobre y sin educar, sin barniz cultural alguno, codicioso por naturaleza, cruel y sin escrúpulos”(Fin de la cita); dice tambien que no fue descubridor ni conquistador, por lo que habrá que buscar su nombre tal vez entre los dedicados a la farmacopea. De Alba dice que “Ningún héroe de la España imperial tuvo peor reputación en Europa”, así que sólo logra sobrevivir el cardenal Infante don Fernando “Menos conocido y con frecuencia olvidado”(Fin de la cita).

Pero vamos con lo referente a la mar, que es como para imprimirlo en letras de plata: “La lamentable falta de información sobre los héroes militares de España afecta tambien a sus capitanes de mar, de quienes, a pesar de que surcaron casi todos los océanos del mundo, desconocemos la mayoría de sus hazañas” (Fin de la cita). Dice bien el señor Kamen, pero equivoca el tiempo verbal: debería decir “desconozco la mayoría de sus hazañas”, con lo que el párrafo habría quedado redondo. Gracias a Dios -que no al señor Kamen- en España conocemos bien a nuestros célebres capitanes de mar -Andrea Doria, Alvaro de Bazán, Antonio de Oquendo, Duque de Osuna, Juan José Navarro, Blas de Lezo, Gravina o Alava- y tambien sus hazañas, aun cuando nos gustaría que se revalorizaran más, en verdadera magnitud, frente a los muy propagandizadas y en gran parte imaginarias hazañas británicas de asaltos y abordajes, que inundan el mercado hasta la exasperación.

Por cierto que, en un nuevo alarde de “conocimiento”, el ínclito Kamen dice que hasta su mando en la batalla de los Downs a Oquendo sólo se le conocía un fracaso naval en 1631, frente a Pernambuco. Sus celebérrimos y bien documentados mandos de nada menos que seis flotas de Indias, los años 1612, 1614, 1624, 1629, 1633 y 1635 con completo éxito no los puede valorar el señor Kamen, pues no los conoce (ver mi libro “La Batalla Naval de las Dunas”); problemas de la españología entendida desde un apartamento de Fuengirola. Por supuesto que no puede dejar de anotar que las empresas militares de España fueron siempre, en su mayor parte, multinacionales, despojándonos tambien de este mérito. Y concluye su labor culturizadora con una cita de “presentismo” -como se dice ahora- que quedaría para los anales de ser otra la pluma: “Los españoles nunca han alcanzado un concepto adecuado de sí mismos como nación y, por lo tanto, han sido incapaces de conceder categoría nacional a ninguno de sus héroes”(Fin de la cita).

¿Qué les parece? Kamen nos niega hasta nuestro derecho a ser una nación por nuestros problemas de secesionismo catalán y vasco. Muy diferente hubiera sido este juicio, se supone, redactado a finales del siglo XVIII; pero, despues de un siglo entero -el XIX- en que la Gran Bretaña despojó con los mismos títulos que Kamen concede a Pizarro (codiciosa, cruel y sin escrúpulos) a España de todos sus mercados, de Hispanoamérica, su Armada y todo lo demás, lo realmente sorprendente es que quedara alguien con ganas de ser español en el siglo XX, y no como el señor Kamen. Esta última cita me parece un insulto de tales dimensiones, orinando desde el robado trampolín de Gibraltar, que realmente no queda otra que decirle al señor Kamen que tenga un poco más respeto con los españoles biennacidos y contentos de serlo, que, gracias a Dios, son muchos. Recuerdo que Arturo Pérez Reverte ya tuvo algún enganchón con este señor a cuenta de sus afirmaciones sobre Trafalgar, y creo que mal futuro le espera a este “hispaniólogo” entre nosotros. Pero, al menos, que se informe y no desconozca tanto (Fin de la cita).

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