Archivo mensual: marzo 2013

CAMERÓN DE LAS ISLAS

Casi incurriendo -sin faltar al respeto- en lo folklórico, resulta que el 2013 (no podía ser otro) nos trae al candelero un nuevo “intérprete” de eso que ahora llaman “mantras”, o sea, matracas repetitivas, verdad o mentira, dogmas o falacias, que, a base de mucho repetir, incluso pasan por ciertas.

Me refiero al premier Camerón de las pérfidas islas británicas, al parecer empeñado en hacer borrón y cuenta nueva de todas las indignidades y felonías en las que incurrieron sus antepasados a base de cañonazo y bayoneta, y que hoy, épocas de hipócrita paz, se quieren hacer pasar por buenas extendiendo una esmerada pátina de democracia y referéndum bajo la que todo atropello queda convertido en legalidad.

Me refiero, desde luego, al enclave de Gibraltar, o las islas Malvinas. Pues resulta que no cuela. Imagínense que pasado mañana, en un arrebato, argentinos y españoles navegamos hasta aguas del britaniquísimo Solent y ocupamos -pacíficamente, como Gandhi- la exclusiva isla de Wight. Luego, a continuación, organizamos un referéndum, y como los únicos que hay allí somos nosotros, pues claro, sale que queremos seguir siendo hispanos. Repitiendo el proceso, podemos apropiarnos de lo que sea, en la estricta ilegalidad. Es lo que han venido haciendo ellos; encima pretenden que no les demos la lata con reclamaciones (oj, que vecinos tan molestos), y que seamos dóciles amigos suyos. ¿Sería Camarón, el presidentillo Picardo o el virreyecito de las Malvinas amigo de alguien que mantuviera en su territorio una apropiación territorial durante años sin la menor intención de negociar?. Evidentemente, no. ¿Cómo se le llama a ésto?. La Ley del Embudo.

Este egoísmo diplomático sublimado y desprecio absoluto de la legalidad internacional de una idea de por dónde van los tiros en el patético y decadente Reino Unido: sólo devolverán a su legítimo propietario enclaves donde, como Hong Kong, el que reclama sea más fuerte que ellos o esté dispuesto a liar la parda si no se le hace ni caso. Ni nosotros ni los argentinos podemos pretender lo primero, y, por si se nos ocurre lo segundo, siempre han tenido bien agarrado al gobierno correspondiente -léase Zapatero- para que no se mueva en tal sentido. A Rajoy no parece que se le vea mucho, salvo inocuas declaraciones de su ministro de exteriores que incluso “han molestado” a los delicados gibraltareños. Ahora, eso sí, que España, querida amiga, se fastidie si le metemos la chatarra atómica del Tireless en la cocina, proseguimos con la expansión incontrolada y fuera de toda legalidad de la Roca, permitimos el bunkering de petroleros con grave riesgo de vertido, puteamos a los pesqueros de Algeciras o continuamos cobijando y siendo refugio de pobres delincuentes y granujas de la peor categoría. Nobleza british manda, por supuesto. 

Pero ahora resulta que los argentinos reclaman, y la Cristinita no tiene nada que ver con Rajoy o Zapatero. Es mujer de armas tomar -y empresas embargar- y acaba de buscarse el potente brazo jurídico del juez Garzón para la consejería íntima. Aunque las instrucciones salgan regulares, que los británicos y el virreyecito se vayan preparando: los argentinos son grandes psicólogos, y si quiere que le dejen de dar la paliza, el señorito de las islas lo lleva claro.

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