Luis de La Sierra

LUIS DE LA SIERRA
Me pide mi amigo Miguel Aceytuno que eche unas líneas, o esparza unas cuantas ideas, acerca del escritor naval y capitán de fragata de la Armada Española Luis de La Sierra. Lo cierto es que me pone en un brete, pues con De La Sierra hay dos cosas que son contrapuestas, fáciles y difíciles: aprender y aprehender.

Con don Luis, en efecto, es fácil, tremendamente fácil lo primero, y muy complicado lo segundo acerca de toda su obra. Es fácil, o nos lo puso muy fácil, a todos los que estábamos deseando –sin saberlo- leer de barcos y tuvimos la suerte de que un libro suyo cayera en nuestras manos antes que una saga anglosajona de la época napoleónica para vender decenas de ejemplares. Creo recordar que el primero que leí fue Corsarios Alemanes en la Segunda Guerra Mundial; me lo dejó un amigo, y, despues, al devolverlo, me lo compré –con descuento- en una feria del libro. Me quedé maravillado, sumergido e inmerso por completo en aquella sucesión de hazañas épicas que yo desconocía por completo. Cuando compré el mío lo volví a empezar, así, una y otra vez, como si fuera una novela que alcanza su máximo clímax con el Atlantis y el Pingüin. Luego compré La Guerra Naval en el Mediterráneo, que contiene la apasionante batalla de Matapán; yo conocía todos aquellos hechos por los libritos de San Martín, pero con los de Luis De La Sierra no había color: la forma de narrarlo, los detalles, las anécdotas, el profundo conocimiento que tenía el autor de todo lo que estaba exponiendo…

En suma, y sin darme cuenta, estaba aprendiendo. La forma de ensayar de don Luis, es decir, el ensayo novelado, convirtiendo al personaje real en héroe legendario, fórmula en la que, libro a libro se ha ido especializando hasta llegar con Corsarios Alemanes en La Gran Guerra al verdadero magisterio. Sin duda que muchos han leído algún libro de Luis De La Sierra, pero pocos tienen y han leído los ocho, publicados por Juventud: mi padre me regaló uno de los primeros, Titanes Azules, que contiene el famoso asalto y destrucción del dique de Saint Nazaire; pero reconozco, en mi absoluta ignorancia de entonces, que quedé fascinado con la pormenorizada descripción de la gesta de los Kamikaces japoneses; don Luis fue el primero que no los llamó fanáticos, pidiendo para ellos, antes que el juicio superficial del vencedor de la posteridad, el mínimo respeto.

¡Qué decir de La Guerra Naval en el Atlántico!. Llevaba tiempo echándole el ojo, y cuando, al fin, pude reunir las 800 pts. –creo recordar que costaba- corrí a por él. No me decepcionó; es cierto que don Luis nos acostumbró muy mal. Nunca decepcionaba, y luego, cuando vas a comprar otros libros presuntamente de barcos… . Pero a lo que vamos: ¿cuántas veces, en ensoñaciones, no habremos penetrado las defensas de la base naval de Scapa Flow para torpedear el acorazado todopoderoso del pérfido inglés?. Incontables, infinitas. La hazaña de Gunther Prien con el U-47 reúne todos los elementos, y De La Sierra se luce en ella con una de las mejores narraciones que jamás se hayan hecho en lengua castellana. Pero ¡ay! esto solo es el aperitivo de este libro maravilloso: luego viene el Bismarck. Aquí, don Luis, lo tenía usted un poco más difícil, porque ¿cuántas versiones anglosajonas -léase Ludovic Kennedy- habíamos leído de este episodio?. De la película mejor no hablar, porque el cine, salvo en Master and Commander, ha andado siempre muy despistado. El capítulo se llama Duelo de Titanes, y reconozco que resonó en mis oídos durante mucho tiempo. Para mí, De La Sierra superó a todos sus oponentes, y sólo Mullenheim-Rechberg consige despertar similar interés, por la sencilla razón de que era un superviviente.

Tras este curso intensivo, que duró unos años –y cinco títulos- plenamente disfrutados, tenía los “libros amarillos” un poco al margen, cuando apareció La Mar en La Gran Guerra en 1984. Con 20 añitos cumplidos, uno ya no es tan crédulo, y pensé que esta vez las cosas serían diferentes. ¡Cuán equivocado estaba!. La auténtica estrella de este libro es la narración (y análisis crítico) de la batalla de Jutlandia, que supera incluso la más reciente y muy buena de Sergio Valzania (2009); pero a mí, particularmente, nada me dejó con una sensación de tristeza, desesperación y grandeza como la narración de la batalla de Coronel. Esto ya, amigos, excedía la crónica guerrera, el ensayo histórico o la pedagogía; esto ya, repito, era arte. Mi sensación se prolongó con la que creo ha sido última obra guerrera si no la mejor, Corsarios Alemanes en La Gran Guerra, con la que cerró su periplo bélico si no me equivoco. Y nada digo de Buques Suicidas porque prometí al amigo que me lo dejó, Víctor Plaza, que se lo iba a devolver, y confieso que aún no lo he hecho. La vida es larga, dicen…

No sé qué habrá sido de don Luis, y la verdad es que a algunos nos gustaría saber de él. En mi libro “Barcos Desaparecidos” quise hacerle un pequeño homenaje en el capítulo “Dos barcos y un destino” acerca de la tragedia –casi griega- del Kormoran y el Sidney. Supongo que nunca habrá leído alguno de los míos, pero la verdad es que me llevé una pequeña alegría cuando supe que él había sido capitán de un pailebote, por su libro Viajes de un Marino, pues mi primera novela, Pequeño Escota, iba íntegramente de pailebotes. Tambien me ha encantado comparar las dos versiones del libro de Slocum Navegando en Solitario Alrededor del Mundo, que él tradujo para Juventud. La de Austral era como la tele en blanco y negro; la versión de De La Sierra, la televisión en color. Con un añadido: don Luis interpreta para el lector el inefable humor de Joshua Slocum; el otro ni se molesta. Son esas pequeñas cosas que el lector agradece infinito. En fin, don Luis; si anda usted por ahí, que sepa tiene modestos admiradores que nos consideramos alumnos, igual que usted de otro maestro, don Mateo Mille. Y un placer compartir con usted la veneración por los barcos que ha llenado de alegrías y vivencias las vidas de los que algún día sentimos esta vocación ¿habrán sido sus libros los culpables?.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo Blog

3 Respuestas a “Luis de La Sierra

  1. javier montilla

    Victor…….déjame que te dé dos fuertes abrazos. El primero por tus conocimientos….y el segundo por tu gran corazón. !Aprendez botarates y si os quedan arrestos aprehendez!

  2. Luis de la Sierra

    Estimado sr Victor San Juan: casualmente he encontrado su comentario sobre mi padre y le agradezco sus elogiosas palabras sobre sus libros.Mi padre cumplirá 94 años el 5 de mayo y desgraciadamente, desde hace unos seis años sufre una demencia senil(Alzheimer) que le impide reconocernos a sus cinco hijos y a su segunda esposa,Rosa.Está ingresado en una residencia especializada en esos casos y muy bien atendido por profesionales y por su propia mujer, que vive en la misma residencia, con él.Le aseguro que le hubieran gustado mucho sus comentarios y yo, en su nombre le doy las gracias.Atentamente;Luis de la Sierra Suarez-Inclán.

  3. Miguel Aceytuno

    A aquellos que descubrimos que la historia naval era apasionante con aquellos libros de Editorial Juventud nos sabe muy mal la noticia de la enfermerdad del capitán de fragata Don Luis de la Sierra. Recuerdo hace muchos años leerlos, hipnotizado… dándome cuenta que no eran las novelas de Salgari o Verne que tanto me gustaban, sino historia real. La generación actual de (me incluyo modestamente) escritores de temas navales debemos mucho a don Luís, y su obra está ahí, fresca como el primer día, para que futuras generaciones sigan viendo que la historia, sobe todo, es una aventura de hombres valientes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s