OTRO DIA TRISTE

Estaba claro. Tenía que suceder porque el tiempo no pasa en balde. Desde luego, podemos soportar centenares de ruinosas empresas públicas, televisiones para-estatales propagandísticas, rescates de cajas naufragadas y millones de incontables prebendas políticas, pero a él, no. Hablar de 100 millones de euros para mantenerlo dignamente en servicio otros diez años era implanteable; hablar de miles de millones para sostener absurdos chiringuitos que, de todas formas, se irán al agua o nos la clavarán por la espalda, es algo incuestionable, por supuesto, hay que pagar. Así, el liquidador de turno, por otro nombre Ministro de Defensa, ha decretado el mes pasado su desguace. Podía haber sido peor; la anterior ministra, más interesada en la escalada -y no precisamente de montaña- quería habérselo vendido a cualquiera, preferentemente un país del Tercer Mundo, con tal de quitárselo de encima.

Nos referimos, desde luego y como ya se habrá supuesto, al portaaeronaves PRINCIPE DE ASTURIAS, ese barco que con mayor o menor acierto ha venido representando a nuestra Armada durante casi un cuarto de siglo y que a pesar de tener todavía dos lustros potenciales de vida por delante, vamos a tirar, como nuevos ricos, a la basura. Ya no hace falta, pues tenemos un sustituto, el catafálquico JUAN CARLOS elecropropulpodazimutalsado, barco sin timón, segura perdición, barco sin timones, tócate los… Pero así es el lujo y la modernidad. En este barco nos venden que se ha metido un portaaviones, y, además, un barco de proyección ¿para qué queremos ya el costoso viejo?. Que el “padre” sustituya al “hijo” -anacronismo que plantea serias dudas en la realidad, pues, teniendo en cuenta la categoría de cierto cuñado, es dudoso que el Príncipe real llegue a reinar- y ya está.

Hemos olvidado muy deprisa -como siempre- lo que fue el PRINCIPE en su día. Heredero de aquel vetusto transporte de hidroaviones DEDALO que vió la suelta de nuestra aviación naval, y el primer aterrizaje de un aparato VTOL -vertical take off and landing- en un barco, el autogiro La Cierva nada menos, y del muy posterior, 30 años despues, portahelicópteros DEDALO ex-CABOT yanqui que luego operó y sentó doctrina en el continente con aviones de aterrizaje y despegue vertical, el PRINCIPE, botado en el 82 y entregado en el 88 fue como una luz en en mar de viejos barcos americanos o copias de proyectos EEUU en que estaba convertida la Armada de los años 70 y 80, a modo de la Armada de Taiwan o la Coreana.

El PRINCIPE DE ASTURIAS representó, con todas sus sombras, que España volvía a ser capaz de construir barcos de última generación con proyectos propios y bien desarrollados. Un proyecto apasionante de ingenieria, y una realidad que, puesta a punto día a día gracias a la experiencia del viejo DEDALO, hasta los EEUU reconocieron excelente, para envidia de ingleses e italianos, cuyos proyectos similares se quedaban muy atrás. Luego se vendió un gemelo, vinieron las fragatas F-100, vendidas a Noruega y Australia, y un largo etc., hasta que España llega a lo que es ahora, un país donde se hacen de los mejores barcos del mundo, a pesar de crisis y complejos.

“Los españoles saben hacer barcos, pero no saben hacer hombres”, decía Nelson. Puede que en eso tenga algo que ver el no haber creado, a la vez que los barcos, una cultura de amor a la mar y sus gentes como en otros países; si cuando decidimos prescindir de un barco útil lo hacemos endosándoselo a cualquier “matao” o remitiéndolo al desguace, es que nuestra cultura naútica falla por completo. ¿Y convertirlo en museo?¿Tan caro sería?. No creo que pasara de los 6 o 7 millones de euros. EEUU esta literalmente repleto de barcos conservados, museos, reproducciones (por no hablar, como siempre, de los ingleses). Tal vez por eso sean los mejores del mundo en ésto. Aquí, en España, desguazamos el CANARIAS, a la GALATEA sólo la salvaron los escoceses viniendo al rescate in-extremis, y el ELCANO, que se vaya preparando con este Ministro.

Sólo he visto dos veces el PRINCIPE, sucesor del glorioso barco de Gravina en Trafalgar. Una fue en Almería, otra en el puerto de Alicante; mi impresión: era -es aún- muy bonito. Comparado con el apaño del primer DEDALO, y el “embutido” del segundo, nacido como crucero ligero, el larguísimo PRINCIPE es muy estilizado y bello, bueno para la mar. Y no digamos comparado con la “caja de zapatos” del JUAN CARLOS. Vamos de lo bueno y bello a lo práctico y feo: es nuestro sino, qué le vamos a hacer.

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