PLANETA TRUCO

PLANETA TRUCO

Recién sacado del horno el fallo -sustantivo, no adjetivo- del último Premio Planeta, cuyos tres últimos ganadores (los que he seguido) están fuera de toda duda por su calidad y prestigio, surgen no obstante cuestiones acerca del procedimiento, en especial de apertura de Plicas.Es como si la organización quisiera hacernos un truco de “visto y no visto” en nuestras narices y tenemos que poner cara de buenos, o de tontos, como si no nos hubiéramos enterado.

Pues bien, a uno, en su ingenuidad, se le ocurre que si los ganadores lo han hecho bajo seudónimo y hay varios centenares de concursantes, a la apertura de plicas deberían encontrarse presentes  todos los concursantes con seudónimo a pie firme y en perfecto traje de revista y policía, pues cualquiera podría ser el ganador. Pero ¡mira por dónde! no es así; el restaurante se desaloja de concursantes (puede que para admitir a conocidos políticos en plena bronca electoral) y, en concreto, sólo somos capaces de encontrar dos. Dos de los varios centenares de concursantes. Se abren las plicas -¡qué emoción! incluso se le cayeron las gafas a doña Carmen Posadas- y, milagrosamente, resulta que los ganadores, en seudónimo, son exactamente las misma personas que estaban allí esperando el premio, y que se pronosticaban como favoritos. Maravillosa exactitud ¿presentimiento?¿o tal vez telepatía?

Pues no, amigos, los reyes magos, por desgracia, son los padres, y detrás de las plicas del planeta hay más tomate del que parece, pues necesariamente, para que todo salga bien, las solapas de los sobres tienen que estar despegadas, o, en otras palabras, que la identidad del autor se conocía en forma previa a la entrega del premio. Puestos a pensar, podemos creer que esta identidad, además,  era conocida de forma previa al veredicto del jurado, o, en otras palabras, que el fallo público se emitió conociendo quién era el destinatario del premio. La comedia de los seudónimos resulta patética cuando vemos que el ganador es famoso por sus dos personajes de la Benemérita, y él mismo nos confiesa que la obra presentada es un episodio más de esta pareja. De lo que cualquiera puede deducir que, con solo abrir el libro, ya se sabía quién era el autor, y el seudónimo era, por tanto, completamente innecesario. ¿A qué jugar con estas mentirijillas?

Pues, a lo mejor, porque si resulta que podemos pensar -no probar- que las plicas estaban abiertas antes del veredicto final, tambien se puede llegar a concebir -malévolamente, por supuesto- que todas las plicas abiertas han sido puestas encima de la mesa sin seudónimo y el veredicto concebido para que el ganador sea política y literariamente correcto, mientas que el finalista refleje un guiño a aspirantes que vengan reconocidos por importantes medios de comunicación, y, así, fama que  garantice las ventas. Curiosamente esto se produce así en la realidad, y la sensación de enjuague es inevitable.

Así que, al final, la pregunta es: ¿por qué no se dice claramente que el premio Planeta, lejos de ser un galardón abierto a todos los participantes o a la mejor novela, es un reconocimiento al binomio novela-escritor reconocido (y el finalista, novela-escritor reconocido y “mediáticamente correcto”) que premia por un lado la trayectoria, y, por el otro, la perspectiva de futuro, con evidentes guiños a importantes colectivos como el gay o la Brunete-feminoide (con todos los respetos para ambos). Sólo se nos ocurre una razón, y es que en vez de 300 novelas a concurso, recibirían 30, y 10 de éstas últimas no valdrían para nada. Así que se trata de hacer un truco encaminado a encontrar un aluvión de comparsas, que se lo curran como mulos, que se ilusionan, y cuyo destino, por desgracia, es el guano, o la socorrida papelera. ¡Cuántas buenas obras estarán ahora perdidas allí!. Casi da ganas de convocar una suscripción para salvarlas del anonimato, puesto que dudo que alguien se haya molestado en leerlas. Pero en fin, así es la vida real. El muerto (el de fuera, que no es “de los nuestros”) al hoyo, y el vivo, el reconocido, el amparado, el enchufado de alguna manera aunque consten inmensos merecimientos, al bollo. En cualquier caso, hay que ser deportistas, y dar la enhorabuena a los ganadores.

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