Archivo mensual: octubre 2012

PLANETA TRUCO

PLANETA TRUCO

Recién sacado del horno el fallo -sustantivo, no adjetivo- del último Premio Planeta, cuyos tres últimos ganadores (los que he seguido) están fuera de toda duda por su calidad y prestigio, surgen no obstante cuestiones acerca del procedimiento, en especial de apertura de Plicas.Es como si la organización quisiera hacernos un truco de “visto y no visto” en nuestras narices y tenemos que poner cara de buenos, o de tontos, como si no nos hubiéramos enterado.

Pues bien, a uno, en su ingenuidad, se le ocurre que si los ganadores lo han hecho bajo seudónimo y hay varios centenares de concursantes, a la apertura de plicas deberían encontrarse presentes  todos los concursantes con seudónimo a pie firme y en perfecto traje de revista y policía, pues cualquiera podría ser el ganador. Pero ¡mira por dónde! no es así; el restaurante se desaloja de concursantes (puede que para admitir a conocidos políticos en plena bronca electoral) y, en concreto, sólo somos capaces de encontrar dos. Dos de los varios centenares de concursantes. Se abren las plicas -¡qué emoción! incluso se le cayeron las gafas a doña Carmen Posadas- y, milagrosamente, resulta que los ganadores, en seudónimo, son exactamente las misma personas que estaban allí esperando el premio, y que se pronosticaban como favoritos. Maravillosa exactitud ¿presentimiento?¿o tal vez telepatía?

Pues no, amigos, los reyes magos, por desgracia, son los padres, y detrás de las plicas del planeta hay más tomate del que parece, pues necesariamente, para que todo salga bien, las solapas de los sobres tienen que estar despegadas, o, en otras palabras, que la identidad del autor se conocía en forma previa a la entrega del premio. Puestos a pensar, podemos creer que esta identidad, además,  era conocida de forma previa al veredicto del jurado, o, en otras palabras, que el fallo público se emitió conociendo quién era el destinatario del premio. La comedia de los seudónimos resulta patética cuando vemos que el ganador es famoso por sus dos personajes de la Benemérita, y él mismo nos confiesa que la obra presentada es un episodio más de esta pareja. De lo que cualquiera puede deducir que, con solo abrir el libro, ya se sabía quién era el autor, y el seudónimo era, por tanto, completamente innecesario. ¿A qué jugar con estas mentirijillas?

Pues, a lo mejor, porque si resulta que podemos pensar -no probar- que las plicas estaban abiertas antes del veredicto final, tambien se puede llegar a concebir -malévolamente, por supuesto- que todas las plicas abiertas han sido puestas encima de la mesa sin seudónimo y el veredicto concebido para que el ganador sea política y literariamente correcto, mientas que el finalista refleje un guiño a aspirantes que vengan reconocidos por importantes medios de comunicación, y, así, fama que  garantice las ventas. Curiosamente esto se produce así en la realidad, y la sensación de enjuague es inevitable.

Así que, al final, la pregunta es: ¿por qué no se dice claramente que el premio Planeta, lejos de ser un galardón abierto a todos los participantes o a la mejor novela, es un reconocimiento al binomio novela-escritor reconocido (y el finalista, novela-escritor reconocido y “mediáticamente correcto”) que premia por un lado la trayectoria, y, por el otro, la perspectiva de futuro, con evidentes guiños a importantes colectivos como el gay o la Brunete-feminoide (con todos los respetos para ambos). Sólo se nos ocurre una razón, y es que en vez de 300 novelas a concurso, recibirían 30, y 10 de éstas últimas no valdrían para nada. Así que se trata de hacer un truco encaminado a encontrar un aluvión de comparsas, que se lo curran como mulos, que se ilusionan, y cuyo destino, por desgracia, es el guano, o la socorrida papelera. ¡Cuántas buenas obras estarán ahora perdidas allí!. Casi da ganas de convocar una suscripción para salvarlas del anonimato, puesto que dudo que alguien se haya molestado en leerlas. Pero en fin, así es la vida real. El muerto (el de fuera, que no es “de los nuestros”) al hoyo, y el vivo, el reconocido, el amparado, el enchufado de alguna manera aunque consten inmensos merecimientos, al bollo. En cualquier caso, hay que ser deportistas, y dar la enhorabuena a los ganadores.

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PEREJILES Y OTRAS HIERBAS

 A todos los aficionados al tema naútico nos ha sorprendido el reciente conflicto que se ha desencadenado en aguas orientales, en concreto, seis islotes equidistantes cien millas de la disputada isla de Taiwan (Formosa de los viejos tiempos) y la japonesa e histórica ínsula de Okinawa, donde se libró la última y terrible batalla de la Segunda Guerra Mundial, lo que no es un buen presagio precisamente. Ahora, los dos colosos enfrentados son China, el coloso asiático sin discusión, y Japón, una potencia cuyos recursos y capacidad de supervivencia acaban de ser puestos a prueba por un terrible terremoto y tsunami posterior, y todo por unas islas conocidas como Dyaotou por el grande y Senkaku por el chico (pero peleón) donde, al parecer, abundan los recursos piscícolas y petrolíferos del suelo. Que por una piedra sin valor tambien se pega la gente es algo bien sabido, pero, si valen algo, mejor.

   A los amagos chinos de apoderarse de las islas “de facto”, es decir, faenando allí y teniendo presencia naval comercial, los japoneses han respondido comprando algunos de los islotes, jugada maestra a la que los chinos respondieron mediante el poco sibilino envío de seis patrulleras, para cabreo correspondiente del Japón. Luego vinieron los medios de comunicación, manifestaciones, quemas de banderas, etc -ya sólo llevan por ahí las banderas quienes van a quemarlas- como paso previo a unas hostilidades que, de no mediar portaaviones americano (como siempre entre China y Taiwan), parecían ir a más sin solución. Los chinos tienen una gran fuerza naval masiva y hace poco han estrenado su primer portaaviones, que no es otro que un dinosaurio ex-soviético cuyas obras se paralizaron en la Perestroika, siendo comprado a precio de desguace; lo han pintado y remozado convenientemente y ahora lo lucen por ahí para acojonamiento previo de rival. Pero la historia nos dice que los nipones nunca han sido “echaos patrás”, y ahí están los samurais y los kamikaces para demostrarlo; tienen una potente armada conocida como “Fuerzas de Autodefensa del Japón”, un poco confusas porque a los portaaviones -tienen dos- se les llama destructores para no ofender al susceptible Tío Sam, un montón de fragatas y componente aéreo nada desdeñable.

   Pero héte aquí que, en pleno lío, y cuando ya parece que el Tercer Conflicto Mundial tras la escalofriante Guerra Fría empezará en Oriente -cerca de donde terminó la Guerra Ruso-Japones con la heroica batalla de Tsushima- entra el convidado de piedra, es decir, Taiwan, y dice que los islotes son suyos. Taiwan tambien presenta flota de armas tomar, pero el problema ya no es el militar sino el simplemente jurídico: China ejerce derechos sobre las islas a través de la proximidad de Taiwan, que consideran de su soberanía, asunto postergado “sine die” a causa del mencionado portaaviones americano siempre estacionado entre la isla y el continente; Japón ejerce derechos por posesión de las islas -las ha comprado- y Taiwan, que se declara independiente y rechaza la soberanía China, reclama los islotes por proximidad, como Argentina las Malvinas. ¿Se han perdido?. Bien, pues parece que, como toda la clave del asunto pasa por el mencionado portaaviones americano puesto en el tablero donde no debe, los chinos han puesto al día un misil de largo alcance que, según ellos, podría mandarlo mucho más abajo, es decir, al fondo de los mares. 

   Vemos así cómo unas pequeñas islitas, una vez más, pueden provocar la parda a nada que alguien toque el botón en el momento inoportuno. Aquí, en España, vivimos el episodio incruento-folklórico de Perejil, que se saldó con la intervención del Gran Hermano yanqui y la devolución de varios gendarmes marroquíes ocupantes a su lugar de origen, todo ello aderezado con alguna lagrimita patriótica de un conocido político ahora embajador que debió exclamar aquéllo de “manda huevos” al ver al moro sentado en el islote. Todos nos tranquilizamos cuando nuestra bandera estuvo de nuevo en su lugar y una conocida modelo fue a la piedra a hacerse unas fotos en pelotas para Interviú, demostrando que, en el fondo, no son los huevos lo que mandan, sino las tetas, y más que dos carretas aunque sean de silicona.

   Tambien los hermanos argentinos, ahora flamantes expropiadores de todos los despojos del “imperio de cartón” hispánico de finales de siglo XX, vivieron su absurdo y sangriento episodio de las Malvinas, en el que unos cuantos generales desafiaron a huevos a una señora que los tenía mejor puestos, y la cosa acabó con los militares corriendo a gorrazos, pero, por desgracia, con muchos muertos por medio, incluidos varios barcos argentinos y británicos por el temible “Exocet” francés. Por no recordar el caso tambien cruento y lamentable de Chipre, ahora partido en dos trozos, solución tambien adoptada en nuestra entrañable isla Española, ahora dividida entre el Haití galo-africano y la República Dominicana. En fin , que las islas siempre han sido motivo de discordia -sin ir más lejos, la hoy placentera y paradisíaca Menorca era un infierno hace 200 años, cambiando de dueño cada 2 por 3- así que esperemos que Obama o Romney se pongan las pilas tras los fastos electorales y relajen allí la tensión -Hillary ya estará al acecho, como siempre- o acabarán con un ojo morado y un portaaviones hundido. Como en el juego de los barquitos de toda la vida.

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