TRES GIGANTES EN VALENCIA

Vino el anterior artículo CRUCEROS GIGANTES, y éste tambien, a cuento de la visita que tres de ellos han girado por Valencia la semana pasada de primeros de Septiembre, tres del aproximadamente medio centenar que hay ahora de estos mastodontes navegando por todo el mundo. Llegaron a la ciudad del Turia, y “soltaron” más de 6.000 turistas, que del puerto se encaminaron a la ciudad para efectuar todo tipo de consumos; vemos así un caso práctico de las consecuencias económicas que puede tener para un país deprimido como es España en la actualidad un “desembarco” de este género, que, al menos, alegrará a los comerciantes valencianos la cuesta de Septimbre (ya no hay meses cuesta abajo, ni siquiera en llano). Antiguamente, recuerdo un día en que el portaaviones FORRESTAL entró en Valencia y pudimos visitarlo; sus 5.000 tripulantes sueltos eran algo que parecía insuperable, pero, mira por dónde, acabamos de dejarlo atrás.

El más pequeño de los “visitantes” es un cuasi-conocido, el COSTA PACÍFICA, un hermano más reciente pero casi calcado del siniestrado COSTA CONCORDIA por interposición en su camino de una pétrea y dura isla rocosa. Se ve que el incidente, lejos de retraer la demanda, la ha incrementado, y esta maravillosa barcaza pasea-muchedumbres con todas las comodidades llena su lista de reservas con éxito. Lo que lleva a preguntarse si, despues de lo sucedido con su hermano mayor -que duerme a la espera de desguace en cómoda posición yacente sobre la isla de Giglio- alguien ha hecho algún tipo de exigencia a la compañía, aparte de las acciones judiciales que se están llevando a cabo, y que, mucho nos tememos, salvo garantizar la crucifixión personal y profesional del capitán Schettino, dejará todos los demás títeres con cabeza, es decir, la administración italiana que permitía el saludo “Inchino”, y la poderosa naviera en cuyo accionariado figura otra que se irán ambas de rositas. Y eso a pesar del reciente incidente del COSTA ALLEGRA, de la misma cuadra, en aguas del océano Indico; quedarte sin propulsión en aguas de piratas ha debido ser una experiencia tan excitante para sus aburridos pasajeros, que cuando llegaron remolcados a Mahé a nadie se le ha ocurrido protestar.

El segundo visitante es el ADVENTURE OF DE SEAS, otro súper mastodonte que se aproxima  a las 150.000 toneladas de desplazamiento total perteneciente a la Royal Caribbean. Aparte de que su propensión al gigantismo en nada asegura la viabilidad, parece que la compañía, lejos de replantearse cauces lógicos de operatividad naútica, y satisfecha con su cuenta de resultados, pretende seguir construyendo “mas grandes todavía”, pues tiene importantes rivales con los que competir.

Y es que, para terminar, tenemos todo un célebre paquidermo flotante, nada menos que el QUEEN MARY II, el más grande de los tres, rebasando las 150.000 toneladas -pero sólo el tercero del mundo, aunque es mayor que muchos petroleros. El QUEEN MARY II es un híbrido entre gigante elefantiásico vacacional y crucero transoceánico, y en su pasado figuran elementos de auténtico pedigree: es el sucesor directo del QUEEN MARY I, que reposa de sus muchas hazañas -entre ellas, la Cinta Azul, y haber pasado por ojo y partido por la mitad al crucero CURACOA que le prestaba escolta con todos sus tripulantes- convertido en hotel en una playa de Long Beach, donde le han salido fantasmas, y todo. En el pasado del QUEEN MARY II, a pesar de lo jovencito que es, figura otro fantasma, el celebérrimo transatlántico NORMANDIE, que le precedió en las mismas gradas de Forjas y Construcciones de San Nazario y acabó sus días incendiado y volcado, exactamente igual que el COSTA CONCORDIA, y al mismo costado, pero en el puerto de Nueva York, que nobleza obliga. Por último añadir que, como el QUEEN MARY I, el QUEEN MARY II ya cuenta con víctimas durante su construcción,  16 muertos durante un accidente de astillero que en su página web se suelen olvidar de mencionar.

Como sus dos hermanos, el QUEEN MARY II está propulsado por modernos azipods, en concreto cuatro en vez de dos como sus primo-hermanos, que le permiten prescindir de timones y alcanzar una velocidad incomparable, 30 nudos, superior a la de sus colegas en 10, pero inferior en 2 o 3 a la de su predecesor. Así no ganará Cinta Azul que valga, pero, al menos, puede cruzar los mares en un lapso razonable. Y hasta aquí nuestra visita por este moderno muestrario naútico; valga recordar que para estos tres ejemplares sirven todas las cuestiones mencionadas antes, es decir, el posible perjuicio y riesgos que se corren con el gigantismo, que el número excesivo de barcos y pasajeros redundará con el tiempo en una merma de la seguridad -lección desde hace tiempo aprendida-, y que los sistemas de propulsión llevan aún un tiempo de prueba que los pueden hacer susceptibles de fallos insospechados e inesperados. Pero nada de ésto hace desistir al neo-crucerista, ni siquiera cambia o modifica las exigencias de la demanda. Pues bien, si esto es así, no queda más que desear que no acabemos teniendo por desgracia la misma que nos merecemos.

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