ANTES SE PILLA A UN MENTIROSO

Un submarino se pierde en medio de un conflicto bélico en las inmensidades del Pacífico. La US Navy lo da por desaparecido. Años despues, el propio asesor naval del presidente Eisenhower, que ha participado en la campaña submarina contra los japoneses en la II Guerra Mundial, compone un bello capítulo en su memoria, señala que el enemigo no lo hundió ni figura ninguna acción contra él en sus archivos -se supone que, siendo quien es, dispone de ellos-, y deja para la posteridad en su libro ¡SUBMARINO! un epitafio conradiano a cuenta del WAHOO, desaparecido en combate. Encomiable, pero incierto.

Pero la historia continúa; en los años setenta, se pone de moda el célebre Triángulo de las Bermudas. ¿Habrá otro igual o parecido en el Pacífico?. Así parece, según se lee en la obra EL SUMERGIBLE FANTASMA de Simpson y Burger, y no un solo triángulo, sino muchos más. Llega la destrucción del mito: el WAHOO aparece en la novela como el USS CANDLEFISH, se sataniza a su comandante y segundo de a bordo, se establece una teoría de traslación en el tiempo y el espacio que escandalizaría a Newton, Einstein y a cualquiera que no se halle demasiado ebrio, y, lo más importante, se venden más de un millón de ejemplares del “best seller”. Productivo, pero segundo embuste, que sus ideólogos sin duda pensaron que jamás se descubriría.

Se equivocaban, pues las cosas no han acabado aún: en 2006, más de medio siglo despues, los rusos andaban buscando un submarino soviético por el estrecho de La Pérouse. Lo encontraron; o, mejor dicho, hallaron un submarino hundido a 65 m. de profundidad. Pero, cuando fueron a investigarlo ¡no era de los suyos!. Parecía americano. En efecto, lo han adivinado: se trataba del WAHOO; el WAHOO del belicoso comandante Dudley “Champi” Morton, que, obstinado en penetrar hasta lo más profundo del mar del Japón para hacer el máximo daño a los japoneses -la bahía de Tokio es sólo para las películas- se encontró con su enorme submarino como un escualo en una bañera y, lejos de lograr el “Clean Sweep” (Barrido Total) fue localizado y destruido por las fuerzas de vigilancia japonesas. El expediente figuraba en los minuciosos archivos japoneses, pero se perdió, o no se pudo -o se quiso- localizar. Al fin y al cabo, el japonés es idioma conflictivo para occidentales, y quedaba más bonito un poético final de extinto en las tinieblas para un compañero al que se aprecia.

Lo del best seller es harina de otro costal. Se menospreciaron figuras de combatientes cuyas familias aún estaban con vida, se fomentaron teorías delirantes, y todo para  llenarse  los bolsillos y soñar con la posibilidad hasta incluso de ingresar en la máxima falsedad (Hollywood) y en la fama. Esta ha sido, por desgracia, la forma de tratar un caso de barco desaparecido en nuestros tiempos. Al final, por fortuna, la incontrovertible realidad ha puesto a cada cual en su lugar, pero ¿cuántos casos parecidos estarán aún por resolver? Por el momento, aviso a navegantes: antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.

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