100 AÑOS DEL TITANIC

   La próxima madrugada del sabado 14 al domingo se cumple el centenario del que muchos han querido considerar naufragio más famoso de todos los tiempos, el del transatlántico TITANIC en su viaje inaugural que nunca llegaría a buen puerto. Dado que el barco era excelente, contruido según las más exigente normativa, calificado como INUNDIBLE por la revista Shipbuilder (tal vez se trató de un error y se quería decir INUNDABLE) y tripulado por profesionales, la conclusión ha sido que se trató de un caso clamoroso de mal fario, poca suerte, porca fortuna o gafe.

   No desdiremos a la masiva afluencia de plumas que han chorreado tinta en esta dirección, pero, más que gafe, lo que parecían tener el TITANIC y sus dos gemelos BRITANNIC y OLYMPIC era un apetito peor que el de un crío sin cereales para el desayuno: el TITANIC se comió un iceberg, el BRITANNIC se tragó una mina (bocado selecto pero indigesto) y el OLYMPIC, único superviviente, se reservó para él solo el barco-faro de Nantucket, que remitió a hacer gárgaras con 7 personas dentro. El primero y objeto del centenario ya había apuntado maneras al succionar el sorprendido transatlántico NEW YORK a la salida de Southampton, y el OLYMPIC optó por violar la impenetrabilidad de los cuerpos sólidos chocando ruidosamente con el crucero HAWKE en septiembre de 1911. De donde se puede concluir que de haber ido forrados estos mastodontes de goma por el forro exterior -como los coches de choque- tal vez algunos muertos, daños, tinta, especulaciones y películas cursis se habrían ahorrado.

   El avezado capitán Smith tambien se habría ahorrado un serio disgusto de haber rechazado con educación el honor de la compañía White Star de dar a su más veerano comandante el mando del buque nuevo, pues, lejos de una “patada hacia arriba” estratosférica, se trató de un ascenso “de aquí a la eternidad”. Lo cierto es que Smith, a su edad, hubo de lidiar con el naviero, el diseñador y varios encopetados “ingenieros” que viajaban a bordo opinando hasta del brillo de sus galones. Sólo al diseñador Thomas Andrews se vió a su lado cuando la cosa se tornó color de hormiga.

   Otro maltratado tradicionalmente ha sido el primer oficial Murdoch, al que, además de ejecutar el impacto contra el iceberg, se acusa de no haber llenado los botes salvavidas, dejar pasar a los hombres a ellos, y ¡horror! hacerle la pelota a cierto millonario para que subiera. Supongo que cualquiera de nosotros, al mando de un armatoste que necesita casi 4 km. para frenar, y con sólo medio km. de avistamiento antes del obstáculo, se lo hubiera tragado tan estrepitosamente o más que él, pero es más fácil olvidarse de las propias hazañas automovilísticas y colocarle a Murdoch tantos sanbenitos, que si de veras se suicidó con un tiro en la sien extraña que no errara el disparo.

   En realidad, quien tuvo mala suerte a bordo del TITANIC fueron unos pasajeros que, sin suficientes lanchas para todos, perecieron de una muerte dulce pero horrible e ingrata como es la hipotermia por inmersión. Con el TITANIC, en efecto, se aprendió la lección, y los buques de pasajeros aparecieron a partir de entonces saturados de botes, balsas y flotadores, pero de nada sirvió en casos como los del LUSITANIA, el PRINCIPE DE ASTURIAS, o el más reciente del ANDREA DORIA, pues la escora del barco, o la rapidez del accidente, impidió que fueran botados. Es característico del hombre aprender machaconamente de sus fallos, no hacer caso de adivinosy vaticinios -con el TITANIC hubo hasta un libro prediciendo todo- y quedar patéticamente expuesto a cuanto imprevisto no previsible pueda presentarse. Mas tambien debería serlo tener la frialdad y serenidad para reconocer lo que se hizo bien comparado con nuestra época: y el que Smith y Andrews se quedaron a bordo de su buque, mientras que, en nuestra época, la moda es que el capitán abandone cayéndose en una lancha salvavidas. Al TITANIC  le faltó un sistema solvente de comunicaciones para avisar al CALIFORNIAN, distante tan sólo 10 millas pero…con su radio apagada. Al COSTA CONCORDIA le sobraron unas comunicaciones tan completas, que dejaron paralizado e inútil a su capitán, sin tomar resolución alguna hasta una hora despues del accidente. Y es que, a veces, tiempos pasados fueron mejores.

   

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