VELEROS DE CRISIS

Ni siquiera la crisis que estamos pasando es capaz de cambiar las ideas arraigadas en el cerebelo de la gente. Aquí, el que tiene un barco de vela, por modesto, gualtrapa, descuidado y sucio de fondos que sea, es un señorito, por no hablar de algo peor, es decir, personal muy perseguible por hacienda y especialmente exprimible en época de recortes, sobre todo para la casta despilfarrante-dora que llevó la caña y ahora pretende darnos con ella.

Luego nos preguntamos por qué en algunas cosas seguimos tan anclados como en pleno siglo XIX, cuando el cartel de Spain is different se colgaba en los Pirineos. Porque en el norte, es decir, al otro lado, el tema éste de los veleros lo tienen perfectamente asumido por parte de las “clases medias”, e incluso las bajas, ó díganme ustedes dónde situar un individuo que gana menos de 500 euros al mes de chapucero y que tiene un mini de hace 20 años como residencia lleno de latas de atún y foi-gras Apis, el más querido del navegante por ser el más económico; el que no conoce su regustillo, sí, ese que se queda pegado al paladar, ese sí que de verdad es un señorito.

Pues bien, ahora resulta que ese milagro de aficionados y colegas, que algunos, con notable impericia o franca mala leche, llamas “ayatolas”, se encuentran que a sus miserias habituales se añade la de la crisis, con la subida del precio del gas-oil, de la esquina del club donde te tienes que quitar cuando llega el dueño, el soborno del empleado (¿es que él no tiene familia, o qué), los destornilladores del chino -de los que están tapizados todos los fondos de atraque- y el insustituible foie-gras Apis. El velero es inmantenible; no lo podemos tener más. Bueno, y, ahora ¿qué?

Pues nada, como siempre. Este es el país donde las afecciones más simples acaban en profunda enfermedad crónica por simple incapacidad para subsanarlas. Te quedas con el barco, transformado en barbacoa, apartamentito de fin de semana, o ¡ay! en batea para criar mejillones, pues ¿quién tiene posibles para la limpieza anual de casco?. Nadie. Y así pasa lo que pasa, y que estamos gozando los que nos lo curramos a su tiempo con el mono y comprando la pintura el año pasado: todos los barcos en regata paseando raciones de mejillones, escaramujo, alguilla y caracolete, además del tradicional sufflé de hélice que hace peligrar la opotuna incorporación a la línea de salida dentro del procedimiento.Ahora resulta que los barcos limpios de fondos no corren ¡vuelan!; y es que todo depende con quién se compare uno.

Barcos de crisis. De todas formas, y en el lado positivo, hay que hacer el mejor elogio de los armadores y tripulaciones que mantienen la ilusión, ganas de navegar, además de aguantar las múltiples molestias de ir a regatas, en condiciones tan pésimas como las actuales. De hecho, si la crisis se prolonga como parece, tendrá un efecto igualitario: los barcos quedarán pegados unos a otros por la masa de porquería de sus cascos, y habrá que salir con el vecino, en catamarán, a competir, igualando así los puestos. Cuando todo el puerto quede convertido en un gigantesco criadero de moluscos, tendremos un multicasco, y los últimos serán los primeros. En fin, am lomos de molusco parásito o no, seguiremos navegando. Afición que no falte.  

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3 comentarios

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3 Respuestas a “VELEROS DE CRISIS

  1. Javier Montilla

    “Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe”. Esta cita de Friedrich Dürrenmantt (pintor-escritor suizo) es obvia!!. Mientras que no tengamos un ojo puesto en lo que hacemos mal y la forma objetiva en que podemos repararlo siempre estaremos expuesta a ella. Pienso que esta crisis se viene gestando desde hace lustros por el mal uso que hacemos en nuestro país del vocablo “inteligencia” (ver diccionario) y nos daremos cuenta que hemos despilfarrado éste bien tan humano a lo largo de éstos últimos lustros. A lo que vamos, pienso, que de inteligentes es que teniendo un litoral tan ámplio en nuestro país no nos hallan dado las herramientas suficientes como para haber tenido una cultura náutica tan rica, al menos, como nuestros vecinos franceses e ingleses. Y digo herramientas “culturales” para que hubieran sabido apreciar lo que vale un barco en un pantalán a manos de un “currante”, que habiéndole picado el gusanillo del mar, sacándole brillo a las neuronas para ver cómo podía acceder a comprarse su preciada nuez y habiendo convencido a Dios y su madre (por no decir esposa e hijos) de que ese era el camino para disfrutar en la jubilación; se han dedicado a otros menesteres, como por ejemplo hacer la puñeta que todos sabemos ( por ser algo sensato en el vocablo y no decir improperios). Que felicidad ver los pantalanes de Francia (sólo conozco los del suroeste) los fines de semana, con todos esos gavachos metidos de lleno en el bricolage (léase bricolage en francés) con sus jerseys de rayas horizontales, la esposa en la bañera…..Qué decir!!!.

    Pues digo, que si todo esto sentimos es porque se sigue haciendo algo mal. Y ahora voy directo a la crítica:

    ¿Qué he hecho yo para que todo esto vaya mejor?- me pregunto- Mi respuesta es: Tal vez nada. En qué he contribuido….no lo sé. Creo que es hora de, que TODOS, nos pusieramos manos a la obra para mejorar. Dicen los chinos que los tiempos de crisis son tiempos de oportunidad. Pues intentemos recoger ese guante e INVENTEMOS. Puede que sea el momento de sentarnos delante de una cerveza, con los amigos y exponer ideas para enviárselas a aquellos que pueden mejorar las situaciones lo hagan, si es que ellos no las tienen. -Yo me apunto al carro-. No permitamos que a esos armadores, a los que te refieres les salga roña en sus barcos. Y a ellos yo les diría: Ser humildes y dejar que los demás también os ayuden. Porque dichosos aquellos que tienen sal en sus venas, y no pudiendo tener barco, se suben por primera vez a uno, para disputar una regata, y al terminar ésta cuántos no pensarían “lo que daría por poder ayudarle…..si él me dejara”

    ¿Quién da más?

  2. Javier

    Querido Victor:

    Gracias por sacar un tema como este a la luz de tu blog.

    Que necesitados están los barcos de tripulaciones con ilusión que los empujen a salir.

    Esta claro que hay que inventar una formula anti crisis que nos permita mantener nuestra afición.

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