Archivo mensual: abril 2012

Los otros TITANIC

Han llenado los fastos del TITANIC durante este pasado fin de semana páginas y minutos de diarios, radios y televisiones, y la verdad es que, aunque algunos se recreen en el aspecto más almibarado o descaradamente rosa, se agradece que los barcos, o un barco famoso, ocupe de vez en cuando los titulares distrayéndonos del acuciante paro, la prima del riesgo, el hijo de la infanta (Johny cogió su fusil), el cuñado del rey y la Madre de todas las crisis, por no hablar de la que les… En fin, que hemos visto al TITANIC, el barco de los sueños y las películas, por los cuatro costados y bajo todos los puntos de vista, desempolvándose en algunas cadenas documentales ciertamente de interés. 

Pero, bien, pasado todo ¿qué pasa con los otros TITANIC?. Esos barcos que fueron, como el original, pensados para un sueño y acabaron lamentablemente en pesadilla, con decenas o centenares de víctimas?. Cada uno tiene su historia, su cuento, un episodio instantáneo como el del TITANIC o largo como una novela de Patrick O´Brien, pero con más sentido y realidad absoluta. Pues qué decir, por ejemplo, del legendario navío sueco WASA de 1628, que, destinado a orgullo real, acabó en ridículo cortesano por su prematuro naufragio y, luego, en nave del tiempo que, embutida en fango, salvó a la torera un lapso de casi 400 años hasta que lo extrajeron del fondo. Y qué me cuentan del LONDON, el soberbio navío inglés que, presto a zarpar del Támesis en 1665, explotó por propia pólvora, y se fue a pique con casi 300 hombres. ¿Y el ROYAL GEORGE, que, en 1782, inmerso en un período de reparaciones, cuando estaban las familias visitando a la tripulación escoró y se hundió, resultando del tremendo desastre 800 muertos, 300 de ellos mujeres y 60 niños?. Estas sí que son tragedias comparables con las del TITANIC, y dignas del mismo, o más, ribeteado rosa.

En España tambien las hemos hecho gordas, y una de las más olvidadas, o enterradas por esa extraña vergüenza que nos invade a veces ante la derrota, pero que nos visita poco a la hora de echar mano del dinero ajeno -en especial si éste es público- es el desastre de Punta Carnero, aún precisado de una buena investigación, en el que murieron casi 2.000 personas al engañar el navío inglés SUPERB a los “reales” españoles de 112 cañones REAL CARLOS y SAN HERMENEGILDO, que se destruyeron entre sí. La verdad es que los españoles siempre tenemos que ser primeros en algo, y si el TITANIC quiso ser original, se encontró, como muchos otros, con un español en su camino, para eso está ahí la fragata EULALIA, que naufragó en idéntico lugar -la Esquina de los bancos de Terranova- por colisión con iceberg en 1847, con casi 20 muertos.

Pero los británicos, en estas épocas remotas, jugaban con bazas más cargadas. Al imponente naufragio de nuestro PRINCIPE DE ASTURIAS en la isla Bella brasileña respondieron con el torpedeamiento -dicen que provocado- del magnífico LUSITANIA, con casi tres veces más muertos. Y al glorioso y dramático final del crucero BALEARES en nuestra guerra civil frente al cabo de Palos, contestaron con la aparatosa, espectacular e incomparable voladura del crucero de batalla HOOD en el estrecho de Dinamarca, con casi 1500 personas a bordo. Pero, por desgracia, serían los alemanes los que ganaron por arrasamiento de los rivales con el hundimiento del WILHEM GUSTLOFF, cargado con 9.000 personas que huían del frente del este, hazaña esta a cargo -cómo no- de un submarino bolchevique.

La exhausta paz parecía que nos traería el predominio del titular deprensa sobre el frío guarismo del número de muertos; así, el ANDREA DORIA, casi tan famoso como el TITANIC, “sólo” se dejó 51 fallecidos en el horrible choque contra el STOCKHOLM. Nos engañábamos, porque ahí estaban esperando no sólo los dramas del ferry ESTONIA (900 muertos) y el filipino DOÑA PAZ (4.386 muertos en uno de los siniestros más espeluznantes que registra la historia de la navegación), sino tambien la larga letanía de petroleros rotos que, aún con pocas víctimas, regaron y chapapotearon a conciencia nuestras costas. ¿Se acuerdan?: TORREY CANYON, EXXON VALDEZ, AMOCO CÁDIZ, CASTILLO DE BELLVER, MAR EGEO, ERIKA, PRESTIGE -este ¿de qué me suena?- y un largo etcétera. Parece que hasta nos tenemos que alegrar de que el COSTA CONCORDIA sólo se haya cargado a 38 personas, ahora que estamos descubriendo que fue el viento -y no el capitán Schettino- el que lo empujó a tierra para morir, evitanto así un vuelco total que habría producido centenares dew muertos.

En fin, para finalizar, despues de este exhaustivo repaso por nuestra historia “sumergida”, sólo recordar que no hay buque inhundible, que la prudencia y sensatez son las mejores armas del marino, así como una exhaustiva preparación, y que lo mejor de aprender de errores ajenos no es el morbo, ni las lecciones directas y cuadriculadas, sino el dotarnos del suficiente sentido común y humildad para reconocer cuántas veces, en los avatares marítimos, hemos corrido riesgos de los que sólo nuestro buen ángel de la Guarda -Dios lo guarde muchos años – ha sido capaz de sacarnos. Y un brindis por aquéllos a las que la Fortuna no quiso favorecer tanto, como puede sucederle a cualquiera algún día. Que nos pille confesados.   

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100 AÑOS DEL TITANIC

   La próxima madrugada del sabado 14 al domingo se cumple el centenario del que muchos han querido considerar naufragio más famoso de todos los tiempos, el del transatlántico TITANIC en su viaje inaugural que nunca llegaría a buen puerto. Dado que el barco era excelente, contruido según las más exigente normativa, calificado como INUNDIBLE por la revista Shipbuilder (tal vez se trató de un error y se quería decir INUNDABLE) y tripulado por profesionales, la conclusión ha sido que se trató de un caso clamoroso de mal fario, poca suerte, porca fortuna o gafe.

   No desdiremos a la masiva afluencia de plumas que han chorreado tinta en esta dirección, pero, más que gafe, lo que parecían tener el TITANIC y sus dos gemelos BRITANNIC y OLYMPIC era un apetito peor que el de un crío sin cereales para el desayuno: el TITANIC se comió un iceberg, el BRITANNIC se tragó una mina (bocado selecto pero indigesto) y el OLYMPIC, único superviviente, se reservó para él solo el barco-faro de Nantucket, que remitió a hacer gárgaras con 7 personas dentro. El primero y objeto del centenario ya había apuntado maneras al succionar el sorprendido transatlántico NEW YORK a la salida de Southampton, y el OLYMPIC optó por violar la impenetrabilidad de los cuerpos sólidos chocando ruidosamente con el crucero HAWKE en septiembre de 1911. De donde se puede concluir que de haber ido forrados estos mastodontes de goma por el forro exterior -como los coches de choque- tal vez algunos muertos, daños, tinta, especulaciones y películas cursis se habrían ahorrado.

   El avezado capitán Smith tambien se habría ahorrado un serio disgusto de haber rechazado con educación el honor de la compañía White Star de dar a su más veerano comandante el mando del buque nuevo, pues, lejos de una “patada hacia arriba” estratosférica, se trató de un ascenso “de aquí a la eternidad”. Lo cierto es que Smith, a su edad, hubo de lidiar con el naviero, el diseñador y varios encopetados “ingenieros” que viajaban a bordo opinando hasta del brillo de sus galones. Sólo al diseñador Thomas Andrews se vió a su lado cuando la cosa se tornó color de hormiga.

   Otro maltratado tradicionalmente ha sido el primer oficial Murdoch, al que, además de ejecutar el impacto contra el iceberg, se acusa de no haber llenado los botes salvavidas, dejar pasar a los hombres a ellos, y ¡horror! hacerle la pelota a cierto millonario para que subiera. Supongo que cualquiera de nosotros, al mando de un armatoste que necesita casi 4 km. para frenar, y con sólo medio km. de avistamiento antes del obstáculo, se lo hubiera tragado tan estrepitosamente o más que él, pero es más fácil olvidarse de las propias hazañas automovilísticas y colocarle a Murdoch tantos sanbenitos, que si de veras se suicidó con un tiro en la sien extraña que no errara el disparo.

   En realidad, quien tuvo mala suerte a bordo del TITANIC fueron unos pasajeros que, sin suficientes lanchas para todos, perecieron de una muerte dulce pero horrible e ingrata como es la hipotermia por inmersión. Con el TITANIC, en efecto, se aprendió la lección, y los buques de pasajeros aparecieron a partir de entonces saturados de botes, balsas y flotadores, pero de nada sirvió en casos como los del LUSITANIA, el PRINCIPE DE ASTURIAS, o el más reciente del ANDREA DORIA, pues la escora del barco, o la rapidez del accidente, impidió que fueran botados. Es característico del hombre aprender machaconamente de sus fallos, no hacer caso de adivinosy vaticinios -con el TITANIC hubo hasta un libro prediciendo todo- y quedar patéticamente expuesto a cuanto imprevisto no previsible pueda presentarse. Mas tambien debería serlo tener la frialdad y serenidad para reconocer lo que se hizo bien comparado con nuestra época: y el que Smith y Andrews se quedaron a bordo de su buque, mientras que, en nuestra época, la moda es que el capitán abandone cayéndose en una lancha salvavidas. Al TITANIC  le faltó un sistema solvente de comunicaciones para avisar al CALIFORNIAN, distante tan sólo 10 millas pero…con su radio apagada. Al COSTA CONCORDIA le sobraron unas comunicaciones tan completas, que dejaron paralizado e inútil a su capitán, sin tomar resolución alguna hasta una hora despues del accidente. Y es que, a veces, tiempos pasados fueron mejores.

   

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VELEROS DE CRISIS

Ni siquiera la crisis que estamos pasando es capaz de cambiar las ideas arraigadas en el cerebelo de la gente. Aquí, el que tiene un barco de vela, por modesto, gualtrapa, descuidado y sucio de fondos que sea, es un señorito, por no hablar de algo peor, es decir, personal muy perseguible por hacienda y especialmente exprimible en época de recortes, sobre todo para la casta despilfarrante-dora que llevó la caña y ahora pretende darnos con ella.

Luego nos preguntamos por qué en algunas cosas seguimos tan anclados como en pleno siglo XIX, cuando el cartel de Spain is different se colgaba en los Pirineos. Porque en el norte, es decir, al otro lado, el tema éste de los veleros lo tienen perfectamente asumido por parte de las “clases medias”, e incluso las bajas, ó díganme ustedes dónde situar un individuo que gana menos de 500 euros al mes de chapucero y que tiene un mini de hace 20 años como residencia lleno de latas de atún y foi-gras Apis, el más querido del navegante por ser el más económico; el que no conoce su regustillo, sí, ese que se queda pegado al paladar, ese sí que de verdad es un señorito.

Pues bien, ahora resulta que ese milagro de aficionados y colegas, que algunos, con notable impericia o franca mala leche, llamas “ayatolas”, se encuentran que a sus miserias habituales se añade la de la crisis, con la subida del precio del gas-oil, de la esquina del club donde te tienes que quitar cuando llega el dueño, el soborno del empleado (¿es que él no tiene familia, o qué), los destornilladores del chino -de los que están tapizados todos los fondos de atraque- y el insustituible foie-gras Apis. El velero es inmantenible; no lo podemos tener más. Bueno, y, ahora ¿qué?

Pues nada, como siempre. Este es el país donde las afecciones más simples acaban en profunda enfermedad crónica por simple incapacidad para subsanarlas. Te quedas con el barco, transformado en barbacoa, apartamentito de fin de semana, o ¡ay! en batea para criar mejillones, pues ¿quién tiene posibles para la limpieza anual de casco?. Nadie. Y así pasa lo que pasa, y que estamos gozando los que nos lo curramos a su tiempo con el mono y comprando la pintura el año pasado: todos los barcos en regata paseando raciones de mejillones, escaramujo, alguilla y caracolete, además del tradicional sufflé de hélice que hace peligrar la opotuna incorporación a la línea de salida dentro del procedimiento.Ahora resulta que los barcos limpios de fondos no corren ¡vuelan!; y es que todo depende con quién se compare uno.

Barcos de crisis. De todas formas, y en el lado positivo, hay que hacer el mejor elogio de los armadores y tripulaciones que mantienen la ilusión, ganas de navegar, además de aguantar las múltiples molestias de ir a regatas, en condiciones tan pésimas como las actuales. De hecho, si la crisis se prolonga como parece, tendrá un efecto igualitario: los barcos quedarán pegados unos a otros por la masa de porquería de sus cascos, y habrá que salir con el vecino, en catamarán, a competir, igualando así los puestos. Cuando todo el puerto quede convertido en un gigantesco criadero de moluscos, tendremos un multicasco, y los últimos serán los primeros. En fin, am lomos de molusco parásito o no, seguiremos navegando. Afición que no falte.  

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