POR ALLI RESOPLA

Ahora que lo veo, allí, el pobre COSTA CONCORDIA de vientre blanco varado y muerto sobre la isla de Giglio, no puede menos que traerme a la memoria un incunable de la memria colectiva: Moby Dick. Llevamos todo el fin de semana de especiales informativos, informes semanales, reportajes dominicales, etc., pero seguimos sin saber adjudicar otros papeles fundamentales, porque nos han puesto como Ajab al responsable de la capitanía marítima de Livorno, como arponeros a los cocineros y camareros del barco, y el papel del denostado capitán todavía lo estamos buscando. Incluso tenemos una bella, lo cual jamás habrían admitido los castos balleneros, que se acostaban juntitos para darse calor (no lo digo yo, léanse el libro y verán).

Pues bien, repasando por enésima vez el episodio, aquí tambien chirría algo, o, como se habría dicho en Moby Dick, “por allì resopla”. Examinemos los cuatro pasos fundamentales: PRIMERO, por qué se acercó tanto el CONCORDIA a la costa; parece que no sólo la compañía lo autorizaba, sino que lo alentaba -“hacemos viajes turísticos, no traslados”- , y, además, la capitanía de Livorno lo tenía sabido y aprobado. Por lo que la voz tonante de Ajab chorreando al capitan Schiattino se nos diluye resbalando a lo largo de su pata de palo administrativa. SEGUNDO, una vez impactado el barco contra el fondo el leviatán con resultado de senda brecha de 50 m. y sala de máquinas inundada, qué conocimiento tuvo el capitán de los daños -se encargó una cena, escena surrealista digna de Visconti- y qué avisos y medios de seguimiento y salvamento se movilizaron a través de Ajab. Este capítulo es impreciso, y, si bien de nuevo el “capi” sale malparado, tampoco Ajab queda exento del “salpicamento di merda”.TERCERO: una vez nos vamos a pique, colega, el capi pone rumbo a Giglio -casi mete el barco en puerto- larga el ancla que revira el barco, y, sorprendentemente -los barcos estrambóticos como el CONCORDIA son así- se pone a dar de banda del costado contrario al que se hizo la brecha, que nos enseña sin pudor alguno con la piedra en las fauces, que para eso lo que se van a comer los gusanos que lo vean los cristianos.  Aquí el capi reclama aviso profesional y mérito en la maniobra, que, dada la proximidad de la isla, tampoco es para tanto. CUARTO,  se inicia el salvamento, que concluye con casi 4.000 personas puestas a salvo y 30 muertos, según todos los profesionales, un salvamento ejemplar que podía haberse adjudicado el capi si no se las hubiera pirado cayéndose en una lancha salvavidas. En fin, como se ve, todo un poema en el que nada aún está ni estará durante mucho tiempo claro.

Mientras tanto, allí está, el pobre bicho, varado, fallecido y expuesto a todo -sobre todo, a la vergüenza- como ningún capitán quisiera ver su barco. A este, desde luego, nadie la ha pedido opinión, y tiene difícil volver a resoplar.

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